Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

La Bodega

una casa tan poderosaejercía sobre la religiosidad de Jerez. Doña
Elvira sólo se reconciliabacon sus famosas bodegas cuando una
vez por año salía con destino a Romauna barrica de vino, dulce
y espeso como jarabe, destinado a la misa delPontífice por
recomendación de varios obispos, amigos de la casa. Estehonor
la servía de lenitivo. Pero aun así, ¡qué angustias no la
hacíansufrir aquellos extranjeros rubios y antipáticos que tenían
la audaciade leer la Biblia a su modo y en su lengua, sin creer en
Su Santidad, niir a misa!...
Montenegro conocía uno de los últimos disgustos de la
piadosa señora,que le habían relatado los criados de la casa.
Los Dupont tenían un viajante sueco, el mejor agente de su
negocio.Colocaba miles y miles de botellas del vino de fuego
que producíaMarchamalo, en aquellos países septentrionales de
noches casi eternas ydías de pleno sol, que duran meses. El
viajante, después de muchos añosde servicios a la casa, había
venido a España, pasando por Jerez, paraconocer personalmente
a los Dupont. Don Pablo había creído indispensableel invitarlo a
comer con su familia.
Horrible tormento el que sufrió su madre ante aquel
desconocido, enormede cuerpo, rojo y hablador, con esa alegría
infantil de los hombres delNorte cuando se ponen en contacto
con el sol y los vinos de los paísescálidos.
Doña Elvira acogía con una sonrisa traidora su charla
incesante en unespañol trabajoso; los gritos de asombro que le
arrancaba el haber vistotantas iglesias, tantos frailes y curas,
tantos mendigos, los camposcultivados como en los tiempos
prehistóricos, las costumbres bárbaras ypintorescas, las plazas
Remove