Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

La Bodega

momento, y después ¡pum, pum,pum! el escarmiento que les
hace falta, el presidio, y hasta su poquitode garrote, para que
vuelvan a ser prudentes y nos dejen quietos unatemporada.
Don Pablo iba a mandar que cerrasen las puertas y las
ventanas bajas desu hotel. Si Fermín no quería quedarse, debía
salir cuanto antes.
El amo hablaba precipitadamente, con el pensamiento puesto
en lapróxima invasión de desesperados, y empujaba a Fermín,
acompañándolohasta la puerta, como si olvidase su asunto.
—¿En qué quedamos, don Pablo?
—¡Ah, sí! Tu asunto... lo de la muchacha. Veremos: pasa otro
rato; yohablaré con mi madre. Lo del convento es lo mejor:
créeme.
Y como sorprendiese en el rostro de Fermín una mueca de
protesta, volvióa su tono de humanidad.
—Hombre: no pienses en eso del casamiento. Ten lástima de
mi y de mifamilia. ¿No tenemos aún bastantes penas? Las niñas
del marqués, que nosavergüenzan viviendo con la canalla: Luis,
que parecía en el buencamino, y ahora sale con esa aventura...
¿Y aun quieres afligirnos a mimadre y a mí, pidiendo que un
Dupont se case con una muchacha de unaviña? Yo creía que nos
considerabas más. Ten compasión de mí, hombre:tenme
compasión.
—Sí, don Pablo, le compadezco—dijo Fermín irónicamente,
deteniéndoseen la puerta.—Es usted digno de lástima por el
estado de su alma. Sureligión es distinta de la mía.
Remove