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La Bodega

Pero la mirada del gitano delató un asombro, que tenía algo
decompasivo, como si creyese loco a Salvatierra.
—Te asusta la grandeza del mundo, comparada con la
pequeñez de tu pobremuerta, y retrocedes. El vaso es demasiado
grande para una lágrima: escierto. Pero también la gota se pierde
en el mar... y sin embargo, allíestá.
Salvatierra siguió hablando, como si quisiera convencerse a sí
mismo.¿Qué significaba la grandeza o la pequeñez? En una gota
de líquidoexistían millones de millones de seres, todos con vida
propia: tantoscomo hombres poblaban el planeta. Y uno solo de
estos organismosinfinitesimales, bastaba para matar una criatura
humana, para diezmarcon la epidemia una nación. ¿Por qué no
habían de influir los hombres,microbios del infinito, en aquel
universo, en cuyo seno quedaba lafuerza de su personalidad?...
Después, el revolucionario parecía dudar de sus palabras,
arrepentirsede ellas.
—Tal vez esta creencia equivale a una cobardía: tú no
puedescomprenderme, Alcaparrón. Pero, ¡ay! ¡la Muerte! ¡la
incógnita, quenos espía y nos sigue, burlándose de nuestras
soberbias y nuestrassatisfacciones!... Yo la desprecio, me río de
ella, la espero sin miedopara descansar de una vez: y como yo,
muchísimos. Pero los hombresamamos, y el amor nos hace
temblar por los que nos rodean: tronchanuestras energías, nos
hace caer de bruces, cobardes y trémulos ante esabruja,
inventando mil mentiras, para consolarnos de sus crímenes.
¡Ay,si no amásemos!... ¡qué animal tan valeroso y temerario
sería el hombre!
El carro, en su marcha traqueteante, había dejado atrás al
gitano y aSalvatierra, que se detenían para hablar. Ya no le
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