Not a member?     Existing members login below:

La Bodega

Los viñadores caminaban apresuradamente. Algunos corrían
paraadelantarse a sus compañeros, llegando cuanto antes a la
ciudad. Desdela noche anterior que les esperaban en Jerez.
Habían pasado la semanapensando en el sábado, en la vuelta a
casa, para sentir el calor de lafamilia, después de seis días de
amontonamiento.
Era el único consuelo del pobre, el triste descanso de una
semana defatigas, y les habían robado una noche y una mañana.
Sólo les quedabanunas cuantas horas: así que anocheciese tenían
que estar de vuelta enMarchamalo.
Al salir de las tierras de Dupont y verse en la carretera, los
hombresrompieron a hablar. Detuviéronse un instante para fijar
su vista en loalto de la colina, donde se destacaban las figuras de
don Pablo y susempleados, empequeñecidas por la distancia.
Los viñadores más jóvenes miraban con desprecio el cirio
regalado, yapoyándolo cerca del vientre, lo movían con cinismo,
apuntando a loalto.
—¡Pa ti!... ¡pa ti!...
Los viejos prorrumpían en amenazas sordas.
—¡Mala puñalá te den, beato roío! ¡Anda a que te... zurzan,
ladrón!...
Y Dupont, desde lo alto, abarcaba en una mirada lacrimosa sus
campos,sus centenares de trabajadores que se detenían en el
camino sin dudapara saludarle, y participaba su emoción a los
allegados.
Remove