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La Aldea Perdida - Novela - Poema de Costumbres Campesinos

E un modo ó de otro, menester es que los de Riomontán y de
Fresnedopeleen esta noche con nosotros. Ya sabéis que parte de la mocedad
deVilloria y de Tolivia aún no ha venido de la siega. De Entralgo y deCanzana
también hay algunos por allá. Podéis estar seguros que denuestros contrarios no
faltará uno solo. Los de Lorío y Rivota andan muyengreídos desde la paliza del
Obellayo. Los del Condado están avisadospor ellos y no faltarán tampoco. Si ahora
nos quedamos sin la gente delos altos, temo que nuestras costillas vayan hoy molidas
á la cama. Eljueves, en la Pola, tropecé en la taberna del Colorado con Toribión
deLorío y Firmo de Rivota, y después de ofrecerme un vaso de sidra, medijeron con
sorna: «Adiós, Quino: que no faltes el sábado de Entralgo».
Así hablaba Quino de Entralgo, mozo de miembros recios y bienproporcionados,
morena la tez, azules los ojos, castaños los cabellos,el conjunto de su fisonomía
agraciada y con expresión de astucia. Vestíacalzón corto y media de lana con ligas de
color, chaleco con botonesplateados, colgada del hombro la chaqueta de paño verde,
sobre la cabezala montera picona de pana negra y en la mano un largo palo de
avellano.
Si no por el valor indomable, resplandecía en las peleas por su consejo,cuerdo
siempre y atinado, por la astucia y el artificio de sus trazas.Resplandecía también en
los lagares y esfoyazas por la oportunidad ydonaire de su lengua; en las danzas por su
extremada voz y el variadorepertorio de sus romances, en los bailes por la destreza de
suspiernas, por su aire gentil y desenvuelto. Pero mejor que en partealguna
resplandecía en cualquier rincón solitario al lado de una bella.Ninguno supo jamás
apoderarse más pronto de su corazón, ninguno másrendido y zalamero ni más osado á
la vez, pero tampoco ¡ay! ninguno másinconstante. Más de una y más de dos podían
dar en el valle de Lavianatestimonio lamentable de su galanura y su perfidia.
—Paréceme, Quino—respondió Bartolo,—que se te ha ido la lengua y hashablado
más de lo que está en razón. Bien está que vayamos á Fresnedo yá la Braña á dar
satisfacción á los amigos; pero de eso á decir que losde Lorío nos han de moler las
costillas hay lo menos legua y media dedistancia. Mientras á Bartolo, el hijo de la tía
Jeroma, no se le rompaen la mano este palito tan cuco de fresno, ningún cerdo de
Lorío lemolerá nada.
—¡Vamo, hombre, no seas guasón!—exclamó Celso, que por haber estado enel
servicio militar tres años había llegado al pueblo hablando enandaluz.—Á ti te
molerán lo que tengas que moler, como á too MaríaSantísima. ¡Si pensarás que te han
de dar más arriba del cogote!
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