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La Aldea Perdida - Novela - Poema de Costumbres Campesinos

ganado; mugían los terneros; detrás del rebaño marchábamosrapaces y rapazas
cantando á coro un antiguo romance. Todo en la tierraera reposo; en el aire todo amor.
Al llegar á la aldea, mi padre merecibía con un beso. El fuego chisporroteaba
alegremente; la cenahumeaba; una vieja servidora narraba después la historia de
algunadoncella encantada, y yo quedaba dulcemente dormido sobre el regazo demi
madre.
La Arcadia ya no existe. Huyó la dicha y la inocencia de aquel valle.¡Tan lejano!
¡Tan escondido rinconcito mío! Y sin embargo, te vieronalgunos hombres sedientos
de riqueza. Armados de piqueta cayeron sobreti y desgarraron tu seno virginal y
profanaron tu belleza inmaculada.¡Oh, si hubieras podido huir de ellos como el
almizclero del cazadordejando en sus manos tu tesoro!
Muchos días, muchos años hace que camino lejos de ti, pero tu recuerdovive y
vivirá siempre conmigo. ¡Y aún no te he cantado, hermosa tierradonde vi por primera
vez la luz del día! Mi musa circuló ya caprichosa yerrante por todo el ámbito de
nuestra patria. Navegó entre rugientestempestades por el océano; paseó entre naranjos
por las playas deLevante; subió las escaleras de los palacios y se sentó en la mesa
delos poderosos; bajó á las cabañas de los pobres y compartió su panamasado con
lágrimas; se estremeció de amor por las noches bajo la rejaandaluza; elevó plegarias al
Altísimo en el silencio de los claustros;cantó enronquecida y frenética en las zambras.
¡Y aún no ha cantado á los héroes de mi infancia! ¡Aún no te ha
cantado,magnánimo Nolo! ¡Ni á ti, intrépido Celso! ¡Ni á ti, ingenioso Quino!¡Aún no
ha caído á tus pies, bella Demetria, la flor más espléndida quebrotó de los campos de
mi tierra! Hora es de hacerlo antes que la parcasiegue mi garganta.
Viajero, si algún día escalas las montañas de Asturias y tropiezas conla tumba del
poeta, deja sobre ella una rama de madreselva. Así Dios tebendiga y guíe tus pasos
con felicidad por el principado.
Y vosotras, sagradas musas, vosotras á quien rendí toda la vida cultofervoroso y
desinteresado, asistidme una vez más. Coronad mis sienes queya blanquean con el
laurel y el mirto de vuestros elegidos, y que estemi último canto sea el más suave de
todos. Haced, musas celestes, quesuene grato en el oído de los hombres y que,
permitiéndoles olvidar unmomento sus cuidados, les ayude á soportar la pesadumbre
de la vida.
I
La cólera de Nolo.
 
 
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