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Juanita la Larga

—¿Y qué me importa a mí su excelencia? A ti y no a él debió el Gobiernodar la gran cruz, ya
que todo lo bueno que se hace en este lugar eres túquien lo hace.
Calló un momento y prosiguió con dulce risa, como quien de súbito tieneuna idea que le
agrada:
—Esta injusticia quiero remediarla yo; pero necesito antes que tú meproclames y me jures por
tu reina. Sé mi súbdito fiel. Sométeteme.Júrame por tu reina y tu reina te premiará. Júrame.
Don Paco se sometió sin más resistencia. Se hincó de rodillas a los piesde ella y exclamó
entusiasmado:
—¡Te juro!
Juanita, impulsada irresistiblemente por la idea rara que habíaconcebido, apartó con gran
rapidez el pañolillo, que llevaba al pecho,prendido con alfileres, sacó sus tijeras del bolsillo del
delantal y sedesabrochó dos o tres corchetes del vestido. Don Paco, siempre dehinojos, la
contemplaba embelesado y curioso.
Ella introdujo los dedos por bajo el vestido y desató un listoncillo deseda azul que le ceñía al
pecho la limpia camisa. Tiró de él y la sacóde la jareta, calada y bordada, trabajo primoroso de su
diestra mano.Cortó, por último, con las tijeras un buen pedazo del listoncillo y selo puso a don
Paco en el ojal del chaquetón, afirmándolo con una lazada.
—Yo te concedo, en atención a tus altos méritos y servicios—dijo consolemnidad—, esta
bonita condecoración, que vale mil veces más que laque tiene don Andrés, y te declaro mi
caballero y gran cruz de la ordende los celos disipados. Por eso es azul el listoncillo, como las
floresdel romero.
Don Paco se levantó sin pizca de celos, porque todo se convirtió enamor, y dijo:
—Tú me citaste una copla; no quiero ser menos; voy a citar otra, aunquetenga que llamarte en
ella no por tu nombre, sino como se llama la madrede tu santo:
Las flores del romero
niña Isabel,
hoy son flores azules,
mañana serán miel.
—Y si han de ser miel mañana, ¿no es mejor que lo sean en este mismoinstante?
Don Paco se acercó a Juanita para besarla.
Ella le separó con suavidad y se esquivó poniéndose muy seria yexclamando:
—Déjame. No te llegues a mí. Respétame como a tu reina y como micaballero que eres. Las
flores del romero serán miel en su día; ahora,no. Ve mañana a mi casa, a las diez y media de la
noche. Allí hablaremoscon mi madre. Adiós.
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