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Juanita la Larga

y aún pronosticaron que al finhabían de abrirse camino hasta la magnífica plaza de Madrid,
dondecompetirían con los de Veragua y los de Miura matando caballos aporrillo y metiendo en
puño los animosos corazones de Lagartijo y deFrascuelo.
Terminada la cena y la conversación, todos se acostaron sobre sendosmontones de hierba seca
y durmieron como unos patriarcas.
Don Paco se despertó y levantó al rayar el día imitando a los que lealbergaban. Supuso, para
salir del paso, que iba a Córdoba; en estesupuesto los boyeros le indicaron el camino que debía
seguir.
Se despidió don Paco mostrándose agradecidísimo, y pronto se alejó de lanava, marchando de
prisa por la senda que le habían indicado.
A solas otra vez consigo mismo, los negros pensamientos resurgieron delas profundidades de
su alma y volvieron a atormentarle.
Como él reflexionaba mucho, se estudiaba y se sumía en el abismo de supropia conciencia,
procuró explicarse el singular fenómeno que en ellase estaba presentando. Entonces creyó
percibir que él hasta muy tarde,hasta ya viejo, había empleado y gastado la vida en ganarse la
vida yhabía carecido, acaso por dicha, de desahogo y de vagar para fingirseprimores ideales y
ponérselos ante los ojos del alma, como atractivo desu deseo. Toda aspiración suya había sido
hasta entonces modesta,prosaica y pacíficamente asequible; pero Juanita había venido en
malhora a turbar su calma y a aguijonear su fantasía para que remontase elvuelo a muy altas
regiones, donde, si bien había más luz, había tambiéntempestades que su alma pacífica y sólo
acostumbrada al sosiego apenaspodía sufrir.
En resolución, don Paco vino a creer que la aparición tardía de loideal, casi muerta ya su
juventud, y el nacimiento póstumo deaspiraciones que sólo por ella deben ser fomentadas, era lo
que le traíatan desatinado, tan infeliz y tan loco. Volver al lugar en aquel estadode ánimo, con
menos pretexto para volverse que el que había tenido parairse, le harían sin duda objeto del
escarnio de todos sus amigosconocidos, como no hiciese la atrocidad de matar a dos o tres, y él,
queera blando de condición, se consideraba incapaz de ello. Por otra parte,y mientras en
Villalegre permaneciese, juzgaba él que sería ya inútilpara todo y que no valdría ni para
secretario de Ayuntamiento, ni paraconsejero de don Andrés, ni para colaborador del escribano,
ni parapasante de los abogados Peperris.
En consecuencia de estos no articulados discursos, decidió al cabo:decidió desterrarse para
siempre de su patria e ir a otras villas ociudades en busca de reposo y de mejor fortuna.
Sólo así lograría curarse de su amor por la pícara e indigna Juanita,hacer pie y caminar por lo
firme, en vez de ir por las nubes o de nadarpor el éter, y sin matarse y sin matar a nadie, sino
siendo útil alprójimo, ser de nuevo respetado y querido de las gentes.
Ya que los boyeros le habían indicado el camino para ir a Córdoba, donPaco, menos
alborotado que el día anterior, siguió en aquella dirección,pues camino no había. Las estrechas
sendas eran muchas, y él a laventura las tomaba, sólo procurando hunde la vista de todo ser
humano,porque aún tenía vergüenza de que le viesen.
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