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Juanita la Larga

jóvenes, iban en cuerpo, pero con chivata olarga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya
mayores de edad,con capa, para el conveniente decoro, por ser por allí la capa el trajede etiqueta,
del que no se puede prescindir, aunque se achicharre oderrita el humano linaje, como era
entonces el caso, porque el solhacía chiribitas.
Las mujeres de todas las clases sociales habían sacado sus trapitos decristianar para adornarse
aquel día. Ninguna iba con la cabezadescubierta. Todas, sí no tenían mantilla, llevaban mantones
de lanaligera, o bien pañuelos que denominaban allí seáticos, o sea percallustrosísimo, que imita
la seda. Las damas pudientes, ya provectas,vestían trajes negros u oscuros de tafetán, de sarga
malagueña o dealepín o de cúbica; y las señoritas, sus hijas, iban con trajes demuselina o de otras
telas aéreas y vaporosas, pero ninguna sin mantilla,ora de tul bordado, ora de blonda catalana o
manchega. Sobre la pulidezy el aseo del peinado, y como matorral a pie de enhiesta
torre,relucían, junto a las peinetas de carey, las moñas de jazmines, laalbahaca y otras hierbas de
olor, y las rosas y los claveles rojos,amarillos, blancos y disciplinados.
Las flores abundaban en Villalegre, gracias a la fuente del ejido, cuyasmilagrosas propiedades
ya hemos elogiado, y gracias también a otroscaudalosos veneros, que brotan entre rocas al pie de
la inmediatasierra, y a varias norias y a no pocos pozos de agua dulce, con loscuales se riegan
huertos, macetas y arriates.
Por entre los hierros de las cancelas que había en las mejores casas seveían los floridos patios,
en algunos de los cuales los naranjos y lasacacias prestaban grata sombra. Las plantas
enredaderas trepaban por lasparedes y formaban tupido cortinaje en las ventanas del primer piso.
En el centro del patio, o refrescaba el ambiente un surtidor que caía enroja taza de bruñido
jaspe, o se levantaba gran pirámide de tiestos,formando compacta masa de flores y verdura.
Las libélulas y las inquietas mariposas revoloteaban en torno, y lasavispas y las abejas
zumbaban buscando miel.
El territorio o término de Villalegre confina con la campiña, dondetodas son tierras de pan
llevar o baldíos incultos, sin huertas, niolivares, ni viñedos. Si algo verdea por aquellos campos
es tal cualmelonar en las hondonadas. Todo lo demás es en aquella estación pajizo,ya sembrado,
ya barbecho, ya rastrojos, los cuales arden como yesca ysuelen quemarse para fecundar el suelo.
Las plantas que se elevan máspor allí y dan mayor sombra son las pitas. Son las más leñosas
yarborescentes los cardos y los girasoles. Así es que en los hogares seguisa con cierto producto
animal, que no sólo da calor, sino perfume,salvando por el aire una o dos leguas de distancia, de
suerte que laspoblaciones se huelen mucho antes de llegar a ellas, y aun decolumbrarse en el
horizonte sus campanarios.
Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies depintados y alegres
pajarillos salen a la campiña con el alba, a cogersemillas, cigarrones y otros bichos con que
alimentarse; pero todosanidan en el término de Villalegre, y vuelven a él, después de
susexcursiones, para guarecerse en sus cotos y umbrías, para beber en suscristalinos arroyos y
acequias, y para regocijar aquel oasis con suschirridos, trinos y gorjeos.
Aquel día, que era en extremo caluroso, o no habían salido las aves amerodear o habían vuelto
tempranito, y trinando y piando, mientras quearrullaban tórtolas y palomas, hacían salva y
música al Santo Patrono,así en los alrededores como dentro de la misma villa.
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