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Juanita la Larga

Le había llamado abuelo, pero con amable risa. Todos los hombres,abuelos y nietos, solemos
prometérnoslas felices y casi siempre nosinclinamos a dar la más favorable interpretación a
cuanto dicen lasmujeres que pretendemos.
No se podía dudar, por ser cuestión de una ciencia tan exacta como laaritmética, que él
hubiera podido ser el abuelo de Juanita. Don Pacohacía este cálculo:
—Yo tengo cincuenta y tres años. De diecisiete a cincuenta y tres vantreinta y seis; a los
diecinueve años bien pude yo haber tenido unahija, y esta hija bien pudo haberse casado y tener
a Juanita a losdiecisiete.
Después sumaba don Paco:
—Diecinueve más diecisiete, más otros diecisiete que tiene Juanitaahora, son cincuenta y tres,
que es mi edad; luego muy descansadamentepudiera ser yo el abuelo de esa pícara muchacha.
Eppur, simuove—proseguía, pues era hombre erudito hasta cierto punto, sabía unpoco de italiano
porque había oído cantar muchas óperas y conocía laspalabras que se atribuyen a Galileo, así
como varias otras sentenciasexpresadas en la lengua de Dante; verbigracia: Chi va piano, va
sano eva lontano.
La primera sentencia, aplicada a su situación, quería significar que él,a pesar de poder ser el
abuelo de Juanita, quería y podía ser otra cosamuy diferente; y la segunda sentencia, que también
recordaba don Paco,quería significar que él debía ir con tiento, con pies de plomo y
sinprecipitarse, porque no se ganó Zamora en una hora y porque la muchachano era muy arisca
en el fondo, ni, probablemente, tan firme y dura deentrañas como, merced al encontrón que había
tenido con ella, leconstaba que era de firme y dura en su juvenil superficie. Además,
lasesperanzas, lejos de desvanecerse, crecían en su pecho, hallándose másinverosímil abuelo que
inverosímil amante. Para corroborar estalisonjera afirmación, se contemplaba don Paco en el
espejo en que solíaafeitarse, el cual, aunque era pequeño, no lo era tanto que no reflejasecasi toda
su persona. El exclamaba al verla, como el pastor Coridón deVirgilio o como el Marramaquiz, de
Lope:
¡Pues no soy tan feo!
Y, verdaderamente, no era feo don Paco, ni parecía viejo tampoco.
A las últimas palabras de Juanita les dio don Paco una interpretaciónlisonjera, pero acaso más
comprometida de lo que él deseaba.
Al indicarle la muchacha que hablase con su madre y que le encargase laobra de costura que
ella debía hacer, ¿no estaba claro que Juanita semostraba propicia a entrar en cierto género de
relaciones, aunque no ahurto, sino a sabiendas y con beneplácito de la autoridad materna?
Como quiera que fuese, don Paco, sintiéndose prendado de Juanita, seallanaba a pasar por
todo; pero se propuso, como hombre prudente, noaventurarse más de lo necesario y no soltar
prenda por lo pronto.
A que él entrase en relaciones serias con Juanita y conducentes a labuena fin se oponían dos
consideraciones: era la primera la excesiva,sospechosa e íntima familiaridad que tenía Juanita
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