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Juanita la Larga

Al llegar a don Paco, que dejó Juanita para lo último, dijo: «Sino coneste», y le dio un abrazo
muy apretado.
Don Paco la tomó por la cintura, la chilló, la aupó y la levantó a pulsodos o tres veces en el
aire.
Todos aplaudieron y gritaron:
—¡Que vivan los novios!
Anunciada ya la boda para lo más pronto posible, los futuros espososfueron felicitados.
El padre Anselmo, viendo que don Andrés y los señores de Roldán hacíanregalos muy lucidos,
no quiso ser menos, hasta donde sus recursos loconsintieran. Y con el fin de que su regalo
tuviese el significado deretractación y palinodia, prometió hacer venir de Madrid un lujoso
cortepara un vestido de seda.
El maestro don Pascual estaba harto mal de dinero, pero tenía buenoslibros, y quiso dar
inmediatamente, para regalo, a Juanita algunos tomosde la Biblioteca de Ribadeneyra, entre ellos
El Romancero general ylas Comedias Tirso, a cuyas heroínas era Juanita muy semejante por
lodesenfadada y traviesa.
Don Ramón, que traía en cartera el pagaré para que Juana lo refrendase ypusiese en él su visto
bueno, en vez de dar o prometer, recibió, por lopronto, las veinticinco onzas peluconas, o sean
los ocho mil reales.Pero don Ramón se sintió estimulado a competir y hasta a vencer
sugenerosidad a los otros. Dijo al oído a su mujer el prurito que sentíade ser generoso y doña
Encarnación tuvo que dominarse para no arañarle.La generosidad triunfó, a pesar de todo, en el
corazón del tenderomurciano.
—Juanita—dijo—, yo te doy dos mil reales para que te merques unhermoso brazalete de oro,
diamantes y perlas.
Al hablar así, don Ramón devolvió a Juanita el pagaré que ella habíafirmado. En seguida
añadió:
—Según el pagaré, tú me eres deudora de diez mil reales, y como me hasdado ocho mil, me
debes dos mil aún. Yo te los perdono.
La generosidad de don Ramón fue solemnizada por toda la concurrencia conlos más ruidosos
aplausos.
Veinte días después de lo que acabamos de contar se celebraron las bodasde Juanita y don
Paco.
Los mozos del lugar no prescindieron de la cencerrada que debía darse adon Paco como viudo.
El y Juanita la oyeron cómoda y alegremente desde la casa y alcoba dedon Paco, donde
Juanita estaba ya, sin que hasta la una de la noche losmolestase el desvelo que podía causar aquel
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