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Juanita la Larga

A poco llegó Juana la Larga, no trastornada, porque era sobria yprudente, pero algo
sobreexcitada y de buen humor por haber presididola opípara cena en casa de don Andrés Rubio,
cenando entre el rey Davidy San Pedro.
Al ver Juana la Larga la iluminación que en su casa había, y cuyo finignoraba, receló por un
instante que se había excedido en beber vino yque a causa de aquel exceso veía tantas luces.
Pronto la tranquilizó Juanita explicándoselo todo.
Juana se puso más contenta que unas pascuas.
No bien dieron las diez y media entraron casi a la vez todos losconvidados. Eran estos doña
Inés y don Alvaro, don Andrés Rubio, elmaestro de escuela don Pascual, el tendero murciano y
doña Encarnación,su mujer; el padre Anselmo y don Paco, personaje principal de la fiesta.Venía
este hecho un brinquillo, muy bien afeitado y peinado, con lalevita nueva, regalo y obra de
Juanita, y en el ojal con lacondecoración azul que ella le había concedido.
Todos estaban ya informados de lo que iba a suceder, unos directamentepor Juanita, según ya
hemos visto, y otros por medio del maestro deescuela, a quien Juanita había dado el encargo de
convidarlos. Nofueron, pues, indispensables ni discursos ni explicaciones. Reinó allímuy cordial
alegría.
Rafaela, auxiliada por Calvete, a quien llamó para este fin, sirvió undelicado piscolabis. Para
los que no habían cenado o tenían suficientecapacidad estomacal hubo chocolate con hojaldres y
con torta de aceite;y para todos, mostachones, roscos y bizcochos de espumilla con mistela ydos
o tres clases de rosolis.
Cuando cundió el regocijo y se aumentó la animación de todos, Juanitalos formó en círculo,
asidos de las manos, y se puso a cantar con muchagracia y con muy afinada y buena voz, aunque
no había estudiado música,el célebre cantar del conde de Cabra:
Yo no quiero al conde de Cabra,
conde Cabra, ¡triste de mí!,
que a quien quiero solamente,
solamente es, ¡ay!, a ti.
Al cantar ese «¡ay!, a ti», Juanita miró con ojos muy dulces a don Paco.Luego siguió
cantando:
Arroz con leche,
me quiero casar
con un guapo mozo
de porte real.
Y tocando con sus manos en los hombros de cuantos había en el corro, sinexcluir al cura, que
la miraba complacido, Juanita fue diciendo:
—Ni con este, ni con este, ni con este.
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