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Juanita la Larga

Juana quedó, pues, semiviuda. Póstuma o no póstuma, tuvo una niñapreciosa, a quien dieron
en la pila bautismal el mismo nombre que a sumadre. El vulgo añadió después al nombre el
mismo epíteto, por dondeesta niña, que será la principal heroína de nuestra historia, vino a
serapellidada Juanita la Larga.
Su madre la crió con gran cariño y esmero, sin recatarse y sin disimularque ella era su hija, lo
cual hubiera sido en aquel lugar, donde todo sesabía, el más inútil de los disimulos. Juana crió,
pues, a sus pechos aJuanita; siempre la llamaba hija, y Juanita desde que empezó a
hablar,llamaba a Juana madre a boca llena.
Esto era considerado como una gran desvergüenza entre las personasseveras del lugar, que
clamaban contra el escándalo y mal ejemplo; peropoco a poco todos se fueron acostumbrando, y
al cabo de algunos añosnada parecía más natural ni más justo sino que Juanita fuese hija
deJuana, a la cual no faltaron tampoco defensores, ya razonables, yafervorosos, que alababan el
cariño y la devoción maternal de la madre ala hija, y que cuando eran algo maldicientes no
dejaban de comparar aJuana con otras que pasaban por honradísimas y que hasta tenían
lainsolencia de presumir de casi santas. De ellas se murmuraba, con más omenos fundamento,
que habían tenido también fruto, y no de bendición,del cual se habían desprendido o enviándole
a la Inclusa o sabe Dios oel diablo de qué otra manera.
El epíteto de Larga dado a Juanita no era sólo por herencia; sino queera también por conquista.
Juanita, a los diecisiete años, había espigado tanto, que era la mozamás alta y más esbelta que
había en el lugar. Algo de la sangre belicosadel oficial de Caballería se había infundido en ella, y
la crianza librey hombruna que había recibido había desarrollado su agilidad y susbríos. Cuando
andaba tenía un aire marcial, al par que gracioso; corríacomo un gamo; tiraba pedradas con tanto
tino que mataba los gorriones, yde un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo más resabiado o
delpotro más cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consentía sudecoro y su estética natural
e inconsciente, sino sentada, lo cual esmás difícil; hacía trotar y galopar a la bestia, espoleándola
con lostalones o azotándola con el extremo del ronzal o de la jáquima, cuandola tenía y no iba a
pelo, sin brida ni rienda de ninguna clase.
Los primeros años de la mocedad de Juanita habían sido dificultosos,porque su madre no
había alcanzado aún la extraordinaria reputación deque después gozaba, no tenía el bienestar y la
riqueza de que ya hemoshablado.
Juanita no fue nunca a la miga, pero su madre le enseñó a coser y abordar primorosamente; y
el maestro de escuela, que le tomó muchocariño, la enseñó a leer y a escribir gratis en sus ratos
de ocio.
Desde que tuvo nueve años, Juanita fue de grande auxilio a su madre, quehasta mucho más
tarde no se dio el lujo de tener una sirvienta.
Juanita barría y aljofifaba, fregaba los platos, enjalbegaba algunoscuartos y la fachada de la
casa, que era la más limpia de la población,y hasta agarraba su cantarillo e iba por agua a la
milagrosa fuente delejido, cuyo caño vertía un chorro tan grueso como el brazo de un
hombrerobusto, siendo tal la abundancia del agua, que con ella se regabanmuchísimas huertas y
se hacían frondosos, amenos y deleitables losalrededores de Villalegre, contribuyendo no poco a
que la villamereciese este nombre.
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