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Juanita la Larga

Baste indicar aquí que el Viernes Santo, al anochecer, se celebra elsanto entierro, en el que no
parecen ya las figuras simbólicas de lospersonajes de la antigua ley; sólo hay nazarenos,
hermanos de Cruz,llevando cada cual a cuestas la suya y haciendo gala de que sea pesada
ygrande, y soldados romanos y no pocos judíos, convertidos ya, en pruebade lo cual llevan en las
manos sendos rosarios y van rezandodevotamente. Hay, por último, muchos hombres y niños
piadosos quealumbran el entierro con velas.
Pero la procesión más solemne y conmovedora es la que se verifica elSábado Santo, desde las
nueve de la mañana hasta mediodía.
En ella sale únicamente la imagen de María Santísima de la Soledad, quees como el paladión
de la villa y que se custodia y venera en el templomás antiguo que existe allí, al otro extremo de
la nueva parroquia, enla cumbre del cerro que domina la población, en la Acrópolis, como
sidijéramos, y al lado del abandonado castillo del duque, desde donde éstesalía con su mesnada a
combatir a los moros fronterizos y a entrar enalgarada por las tierras granadinas.
Aquella imagen es una obra maestra del arte cristiano en la época de sumayor florecimiento en
España. Es cierto que se puede decir que elescultor no hizo más que la cabeza y las manos; el
pensamiento puro ycelestial y el medio por cuya virtud puede convertirse en acción
elpensamiento.
Pero aquellas manos y aquel rostro son de admirable belleza. Aquelrostro parece divino,
combinándose en él la expresión del dolor másprofundo y la humilde conformidad con la
voluntad del Altísimo. Los ojosde la Virgen son hermosos y dulces; el llanto los humedece. En
lasmejillas de la imagen hay dos o tres lágrimas como el rocío en lasrosas.
En el resto de la imagen no se advierte forma ni dibujo de cuerpo demujer. Todo está cubierto
de un riquísimo y extenso manto de terciopelobordado de oro.
El artista, al representar el Eterno femenino, la fusión en el dolorde las dos excelencias de la
mujer, como virgen y madre, se diría quehuyó de lo corpóreo y sólo quiso prestar forma visible
al espíritu.
Sobre los adornos y bordados de la túnica de la Virgen se ven lasempuñaduras de las siete
espadas que le traspasan el pecho.
En la procesión del Sábado Santo, todos los personajes del AntiguoTestamento y los judíos y
los soldados romanos se desvanecen y seeclipsan ante la divina imagen de la Virgen. Sólo la
acompañan el cleroy la muchedumbre piadosa con innumerables velas y cirios encendidos.
Con devoción y recogimiento anda la procesión el camino marcado; peroapenas vuelve y entra
de nuevo en su iglesia, todas las campanas de lavilla tocan a gloria con estruendoso repique; un
toro de cuerda muybravo sale a la calle, y los aficionados lo lidian y capean; en lacárcel se da
libertad a un preso, que hace de Barrabás, y en variossitios a propósito, donde hay poco peligro
de matar a nadie, se ahorcansendos Judas, o sea, grandes muñecos de trapo, rellenos de estopa y
detriquitraques, contra los cuales disparan tiros los mozos que tienenescopeta, hasta que los
Judas arden dando muchos triquitracazos ytronidos. De esta suerte terminan con el regocijo de la
resurrección delSeñor las interesantes fiestas de Semana Santa.
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