Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
doñaAgustina. Otras veces, recordando ciertas mañas, usos y costumbres quehabía tenido en su
venturosa y libre niñez, sentía el prurito de agarrara aquella señora y, según solía hacer in tilo
tempore con otras niñasde su edad y aun mayores, alzarle las faldas y darle una buena mano
deazotes.
Pero si Juanita era brava, también era discretísima; y firme en suspropósitos de ser prudente,
se refrenaba y se vencía. Por coincidencia,y aunque ella no hubiese leído el soneto de Lope,
concebía imágenespastoriles y acaso se figuraba a doña Agustina como a una mayorala
orabadana que llevaba en pos de sí, atado con un cordón, el manso queella, la zagala Juanita,
había cuidado con esmero, dándole de su sal apuñados. Y entonces se le antojaba decir a doña
Agustina: «Suelta elmanso, que es mío; déjalo en libertad, y verás cómo viene a mí.
Que aún tienen sal las manos de su dueño.»
Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendoinactiva. Todo lo que
entonces hubiese hecho en contradicción con losdos proyectos de doña Inés del casamiento de su
padre y del monjío deella, hubiera sido la más audaz rebelión contra la tiranía de la reinaabsoluta
de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto enpeligro de tener que emigrar, como
Adán y Eva, expulsados del Paraíso.
Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por más que le doliese elrecelo de que doña
Agustina le quitase a don Paco, no quería, llamándolea sí, acudir al punto a evitarlo y quedarse
con la duda de que él, nollamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro dueño.
XXVII
Como en el lugar entendía todo el mundo que cualquier decreto de doñaInés infaliblemente
había de cumplirse, y como se divulgó que estabadecretado el casamiento de don Paco y de doña
Agustina, apenas quedópersona que no lo diese ya por cosa hecha. No sé encarecer
cuanfieramente soliviantaba esto y enojaba a Juanita.
Todavía, sin embargo, disculpaba a don Paco recordando que ella le habíadespedido y que él
no tenía que guardarle fidelidad. Pensaba en que élobservaba quizá un prudente disimulo
parecido al que ella observaba; yde esta suerte se avenía a perdonarle que no se rebelase contra
doñaInés; que fuese tan obediente que de diario viniese a la tertulia; queno pocas noches, según
Juanita averiguó, cumpliendo don Paco con elmandato de su hija, acompañase a doña Agustina
hasta su domicilio, paraque no fuese sola con la criada que venía en su busca, y que tal vez
semostrase cortés y galante con doña Agustina para que doña Inés norabiara.
Con tal moderación discurría a veces Juanita, pero con más frecuenciaperdía la moderación y
se ponía hecha un veneno.
Entonces calificaba a don Paco de inconsecuente, de voluble y deinteresado; procuraba
aborrecerle o despreciarle, y se sentíapredispuesta, tentada y ansiosa de tomar represalias.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.