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Gatsby
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son la perdición de los hombres. ¿De dónde hasalido el traje que llevaba puesto? Aquí nadie lo
ignora. Era regalo deusted.
—No he de negar yo que era regalo mío. Ella lo aceptó por nodesairarme; pero como me ha
dado en cambio prenda de más valor, nadiepuede decir que se viste a mi costa. Juanita se viste
bien o mal con loque gana trabajando de modo honrado y lícito, y no estando vigentes enel día la
pragmática contra la seda ni ningunas otras leyes suntuarias,no sólo de seda, sino de oro y de
perlas puede vestirse Juanita si tienedinero para comprar el vestido y si se le antoja engalanarse
con él.
—Si el respeto que a usted debo no anudase mí lengua—replicó doñaInés—, me atrevería a
decir que está usted loco de atar. ¿Cómo defenderel escándalo, la campanada que ha dado esa
chica, transformada derepente en princesa, como en los cuentos de hadas? Tiene chiste el quele
haya dado a usted la levita. Ya se la cobrará con usura. Las puntadasde ella y las morcillas y
longanizas que sabe hacer su madre no bastanpara costear levitas a los caballeros, y para seguir
emperejilándose conricos trajes y mantillas de madroños, como dicen que en Madrid van a
lostoros las damas de alto copete y las majas de rumbo. El día menospensado, no sólo para ir tan
pomposas, sino para comer, faltará dinero alas Juanas, y entonces acudirán a usted y a otros a fin
de retenerle, ycomo no podrán dar en cambio levitas, harto sabe el diablo lo que darán,sí ya no lo
han dado.
—Ni han dado ni darán lo que no debe darse—exclamó don Paco, perdiendoya los estribos—.
Lo que yo te aseguro es que si Juanita quiere darmesu mano, yo la aceptaré gustoso, y tú tendrás
que respetarla como madre.
—¡Jesús, María y José!, respetar yo a ese arrapiezo.... Se me caería lacara de vergüenza si
hiciera usted semejante disparate.
—Pues sólo de Juanita depende que no lo haga. Y como no es posible, sinque nos peleemos,
continuar esta conversación, me voy y te dejo. Adiós,hija.
—Señor padre, vaya usted con Dios y El le ilumine para que no continúeusted desatinando tan
lastimosamente.
Don Paco salió con precipitación y muy enojado de casa de su hija, y noquedó ella menos
furiosa.
XIX
El sermón del padre Anselmo se comentó y se interpretó por todo el lugaren perjuicio de
ambas Juanas. Nadie sacó la cara por ellas, salvo elmaestro de escuela, aquella noche, en la
Casilla.
La Casilla era y es todavía en algunos lugares el Casino y el Ateneoprimitivos y castizos.
 

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