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Itinerario de Buenos Aires a Córdoba

la censura de unos pocos lectores apáticos,que descontentar á los
curiosos para quienes nada es indiferente. En unpais donde los
estudios geográficos estan aun en su infancia, no son
dedesdeñarse los primeros pasos cuando son acertados, y tales
nos parecenlos de Souillac. Sus escritos no deslumbran por
trozos esquisitos deerudicion ó elocuencia: no es un retor ni un
filólogo él que habla; nise espere tampoco hallar en ellos lo que
la moderna escuela románticallama cuadros é impresiones. La
sencillez es su carácter distintivo,y para nosotros esta sencillez
es un mérito, porque aun no ha llegado eltiempo de entregarnos
á los viageros sentimentales. Lo que mas importaes reunir
hechos para rectificar conjeturas, sacar el pais de laobscuridad
en que yace, y delinear su fisonomia actual para que sirva
detérmino de comparacion á sus progresos ulteriores. Estos
trabajos,cuando se egecutan con inteligencia, son como los
cimientos, en que serequiere mas solidez que elegancia. "Los
itinerarios, dice oportunamenteBuache, se han mirado siempre
como uno de los fundamentos de lageografia, por ser los
primeros elementos de que se hace uso paraestablecer la
posicion de los lugares, y los que pueden emplearse conmas
confianza, despues de las observaciones astronómicas y
lasoperaciones geométricas: son ademas los que pueden
obtenerse en mayornúmero, y con mas facilidad."[2] ¡Y
efectivamente cuanta luz no haderramado sobre la geografia
antigua de Europa el Itinerario delEmperador Antonino, que no
es mas que una árida nomenclatura depoblaciones! Al menos el
de Souillac contiene algunos datos científicos,que sobre ser
importantes, porque fijan la latitud de Buenos Aires yCórdoba,
acreditan el esmero con que los encargados de la
últimademarcacion de límites procedian en estos
reconocimientos.
 
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