Not a member?     Existing members login below:

Incertidumbre

Y ocultó la cara entre sus manos.
Cuando levantó la cabeza, las persianas estaban cerradas.
A su alrededor, ahora, todo aparecía bajo un aspecto
prosaico,desesperante. La luna, velada por las nubes, no esparcía
ya su claridadsobre el misterio de la noche; la masa negra de los
árboles se erguíahostil, y los grupos de plantas floridas no
formaban más que sombríasmanchas. El alma del jardín había
volado.
V
A la mañana siguiente, cuando Juan se despertó, un criado le
previno queel almuerzo tendría lugar en las cercanías, en Saint
Jouin, en la ventade la bella Ernestina, y que se le rogaba que
estuviera a las once en lacasa para la partida.
A Juan lo contrarió mucho este aviso; habría deseado no
mezclarse en elmovimiento social durante su estancia en Etretat;
pero juzgó que seríapoco cortés rehusar la invitación, y contestó
que no faltaría.
Algunos momentos antes de la hora señalada, Juan, de vuelta
de un paseosolitario, por la orilla del mar, leía en su cuarto. Al
oír el aviso deBertrán, cerró su libro con resignación y bajó. La
señora Aubry lopresentó a sus invitados. Los hombres le
tendieron la mano, las jóveneslo saludaron; luego, después de un
ligero examen, no se ocuparon más deél. Su aire, su manera de
vestir, lo clasificaban. Era el invitado queno se cuenta. Juan
adivinó la impresión que había producido, dejó pasara los
jóvenes, y subió a un coche con el señor y la señora Aubry.
De todos los nombres que la señora Aubry había pronunciado
alpresentarlo, uno solo retenía su memoria: el de Huberto
 
Remove