Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Incertidumbre

Hacía doce años que el señor Aubry disfrutaba de esta dichosa
paz cuandoencontró a Juan Durand. Se le presentaban de
improviso sus propiossufrimientos, en el abandono y la miseria
del chico. Todo el horror delos tiempos lejanos lo asaltó
violentamente, y estos recuerdos dolorososabogaron con
elocuencia en favor del huérfano. El nuevo propietario dela
fábrica vio, en este encuentro fortuito, como la indicación de
unadeuda a pagar a Dios en agradecimiento de su felicidad
actual. Lafisonomía franca del desgraciado niño le agradó, e
hizo promesa de dar aJuan Durand la misma protección que él
había recibido de su antiguopatrón.
III
De esta manera fue como Juan entró de aprendiz en la fábrica
decristales de Creteil. El señor Aubry lo confió desde luego al
guardiándel establecimiento, un viejo obrero inválido, cuya
mujer, como no teníahijos, aceptó gozosa la misión de cuidar al
chico. Instalado así enfamilia, en una pequeña casita a orillas del
Marne, Juan se aclimatófácilmente a su nueva residencia. Él,
que conocía apenas el Sena, quedóadmirado de aquel río que se
ofrecía a su constante contemplación. Lashermosas campiñas
que lo rodean, lo encantaron al extremo de apresurarla
metamorfosis de su ser moral, hasta entonces incrédulo y
rebelde. Unsentimiento de inmensa gratitud hacia su bienhechor,
lo invadió; todaslas noches, al acostarse, murmuraba estas
palabras infantiles, a manerade plegaria: ¡Gracias, patrón!
Y dicho esto se dormía en plena felicidad.
Poco tiempo después, Juan era el niño mimado de la fábrica.
El patrón lohabía recomendado a todos los jefes de sección, y
 
Remove