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Incertidumbre

El recuerdo de miss Maud Watkinson hizo recordar a Huberto
que estabainvitado para la mañana siguiente a una partida de
sport en que elladebía encontrarse en casa de los Brimont, en
Compiegne.
Hacía algún tiempo que, preocupado de las desgracias por que
pasabaMaría Teresa, y creyendo correcto participar de ellas,
había vivido enlo que llamaba el retiro; es decir que se había
presentado poco en elgran mundo, salvo en el club y en algunas
comidas íntimas. Pero laspalabras dichas a María Teresa lo
desligaban. Evidentemente si su estadode noviazgo debía
prolongarse, no podía continuar aquella vida deanacoreta. Por lo
pronto había hecho bastantes sacrificios en obsequio alos lazos
superficiales que lo unían a la joven; tenía que serlepermitido
distraerse, y concluyó diciéndose en su fuero interno:
—Mañana, a más tardar, partiré para Compiegne; me
olvidarían si no meviesen más en casa de Brimont ni en las
cacerías del Marqués de Gerfant.Además, acabaría por enfermar
en esta casa de Chanzelles; son lúgubres adesesperar, desde que
la enfermedad ha entrado en la casa y la ruina laamenaza.
Cuando he pasado una hora allí siento que me salen canas.
Hastapor la misma María Teresa es mejor que durante algún
tiempo la vea menosa menudo. Yo no puedo amar en la tristeza,
y me causa un fastidio tangrande ver caras de enfermos y ojos
con lágrimas, que no tardaría entomarle horror a la casa misma.
Por nada del mundo querría que mi pobreamiga viese un día que
me pongo de mal humor a su lado.
No fue, pues, por pura caridad que Huberto resolvió ir con
menosfrecuencia a casa de los Aubry. Al mismo tiempo juzgó
que en su estadode espíritu le convenía divertirse, y como
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