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Incertidumbre

informaciones; ¡con tal que notenga desilusiones y el producto
de esa cristalería sea el que me hanasegurado! Mi madre es
demasiado desconfiada: personas yacontecimientos, todo le es
sospechoso. ¿Qué tenemos que temer si losinformes que tengo
son perfectos?
Absorto en estas meditaciones, se encaminaba hacia la
Magdalena. Unviolento deseo de ver a María Teresa lo dominó
de pronto; se detuvo alborde de la acera, levantó su bastón en
ademán de llamar: un fiacre seaproximó. Se hizo conducir a
casa de los Chanzelles esperando que lalinda cara de su novia,
disiparía el fastidio que esta conversaciónhabía dejado en su
espíritu.
XIII
Los primeros tiempos del noviazgo de María Teresa se
pasaron enpresentaciones, comidas y placeres constantemente
renovados. Huberto eraun incomparable organizador de fiestas.
Con él era imposible estar sindistracciones; además, sabía
variarlas maravillosamente. María Teresa secreía transformada
en una princesa de un cuento de hadas, pues no teníaotra
ocupación que la de divertirse de la mañana a la noche, bajo
ladirección de un maestro de ceremonias parecido al Príncipe
Encantador.Las mañanas eran dedicadas al bosque; por las
tardes había siemprediversiones nuevas; en cuanto a las noches,
terminaban invariablementeen el teatro o en las tertulias.
En cada una de estas circunstancias, la joven concluyó por
notar queHuberto se preocupaba, sobre todo, del efecto que
producía la belleza desu novia, y que sus goces crecían en razón
directa de la admiración quemanifestaban por ella y de la
envidia que suscitaba.
 
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