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Incertidumbre

dote tanto comotú, la vida os será difícil y no podrán mantener
su rango. ¡Se necesitatanto dinero hoy para figurar en nuestro
mundo! Aparte de estarestricción, no tengo ninguna objeción
que hacer; esa joven te convienemucho. Te pido, pues, hijo mío,
que te procures informaciones seriassobre esa cristalería que
representará una parte importante de la rentade ustedes.
—Puede usted estar tranquila, madre; un matrimonio mediocre
no meconvendría, y aunque María Teresa sea bastante seductora
para justificaruna conducta irreflexible, seré circunspecto. Por lo
demás, lo repito,mi decisión no data sino del día en que me
informé de la solidez de lacasa Aubry.
Huberto tomó la mano de la señora Martholl y llevándola a sus
labios,añadió:
—Sólo me resta agradecerle a usted sus gestiones.
—Está bien, hijo. Piensa en mis recomendaciones y ten la
seguridad deque sólo la preocupación de tu felicidad y situación
guía mis actos einspira la prudencia que te aconsejo. Obra
discretamente; pero no teguíes por las apariencias, por
excelentes que sean. Adiós, hijo mío.
—Adiós, madre.
Cuando Huberto dejó el sombrío departamento de la calle
Astorg, llevabaideas pesimistas. En ese día la inquietud que
ennegrecía su espíritu setraducía en molestas cuestiones de
dinero; quería que sus interesesquedasen garantidos, porque
podían procurarle comodidades y placeres;pero era bastante
gran señor para no querer hablar de ellos.
—Vamos—pensaba con melancolía al marcharse—esto no
está concluidotodavía; habrá que hacer diligencias e
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