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Incertidumbre

La señora Aubry gustaba mucho del encanto del otoño;
disfrutabaentonces, durante algunas semanas, de un verdadero
reposo, por lo cualdemoraba su regreso hasta los primeros días
de noviembre. Esta decisiónno era recibida de igual manera por
las dos primas. Desde que no se veíarodeada de una sociedad
dispuesta a divertirse y ocupada exclusivamenteen crear
distracciones nuevas, Diana se aburría espantosamente.
Apuradapor volver a París, a sus visitas y a sus correrías por las
tiendas, sequejaba de la humedad de la atmósfera, de la tristeza
del paisaje, de lasoledad, pues las villas se cerraban una a una y
la única distracciónmundana consistía, durante el mes de
octubre, en concurrir a la estacióndel ferrocarril, a despedir a los
que se marchaban.
María Teresa, por lo contrario, gozaba ante aquella playa
desierta y leencontraba encantos no sospechados.
Después de la partida de la muchedumbre abigarrada y
tumultuosa de losbañistas, le parecía que la Naturaleza
cambiaba de aspecto. Pararecibir a los huéspedes fugaces, para
no espantar los ojos de losciudadanos, más habituados a las
decoraciones teatrales, parecía que asu real magnificencia, esta
Naturaleza consentía en mostrarse más vulgary menos salvaje.
Debía ser una concesión hecha a estos profanos, venidosde las
ciudades para pasmarse de admiración ante ella, durante
dosmeses, y que, transcurrido este tiempo, se apresuraban a huir
yolvidarla.
El mar también se presentaba de otra manera a la vista de la
joven, másgrandioso y más trágico, batiendo incesantemente las
costas abruptas.
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