Y guardo en mi memoria mil cantares
que yo la oía, ó que escuché con ella;
recuerdo con anhelo los lugares
donde la ví una vez; y hasta las flores
que su mano cuidaba, me han dejado
recuerdo de su aroma y sus colores.
Todo me la recuerda: el mar, la tarde,
la luna con su luz vaga y dudosa;
la primavera tibia y perfumada;
la brisa juguetona y misteriosa;
la noche oscura, el abrasado estío;
el murmullo fugaz de la enramada;
hasta de Dios la idea poderosa,
funde con ella el pensamiento mio.
¡Oh! ¿por qué ha de pasar así la vida?{81}
¡Cuánto, amor mio, diera,
porque aquel tiempo y mi niñez volviera!
Yo imaginaba... ¡loco desvarío!
que acaso un tiempo fuera tan dichoso
que junto á mí la viera
unida en santo lazo, y me forjaba
verla en mi hogar, partiendo mi destino,
que mi nombre sus labios bendecian,
que «hija mia» mi madre la llamaba,
y que «madre» mis hijos la decian...
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Lloras? Tu corazon he destrozado...
—¡Si tú supieras lo que yo he llorado!...
Ya pasaron los dias,
ya pasaron las horas de ventura
en que al mirarme, amante sonreias
con infantil ternura.
Ya ha borrado la mano del olvido
mi nombre de tu mente,
ya no busca tu oido
