Veíala en las nubes de la tarde
dibujarse cual vaga fantasía,
aspiraba su aliento en los aromas
que el viento me traia.
Sentia su contacto léjos de ella,
y al sentirlo, mi sér se estremecia,
y cerraba los ojos para verla
más clara y más distinta.{63}
Conversaba con ella, en inefable
dulce coloquio, como en otros dias;
mirábala llorar de amor, y loco
sus lágrimas bebia.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Creia verla, entrándome en su alma,
pura como mi amor, pura y bendita;
creia que me amaba y que era buena...
¡Y era mentira!
Triste, marchita y harapienta y sola,
ocultando su faz
con extraño rubor, casi á mi lado
hoy la he visto pasar.
Al mirarla, mi sangre ha detenido
su curso natural;
he sentido la angustia de la muerte...
No he podida llorar.
¡Ella pobre, marchita, sola y triste!
¡Oh! ¡Cuánto sufrirá!
¡Ella, que ayer en régias bacanales
consumia su afan!{65}
El vicio y la impureza la han manchado
arrugando su faz...
¡Dios mio! Al verla así, ¿cómo no puedo
áun dejarla de amar?
