Necio fuera, señora, en tal momento,
rebuscando un concepto pretencioso
digno de honrar sujeto tan glorioso,
esforzar el indócil pensamiento.
Permitid que, de tal martirio exento,
vuele desatinado y caprichoso
para expresar cuán grande, cuán hermoso
es el placer que al escucharos siento.{61}
El ánimo os persigue embebecido,
altérase el aliento acompasado
y el corazon redobla su latido;
una lágrima ensancha el pecho ahogado,
surge, tiembla en el párpado encendido
y cae... ¡Al alma se la habeis robado!
Columpiarse veíala en mis sueños
al blando soplo de la dulce brisa,
y llegaba su voz hasta mi oido
clara y distinta.
