dejando su impotencia en tí marcada,
dolor y rabia, lágrimas y espuma.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Y estarás siempre así, muda y sombría,
recostada en la arena?
Es imposible. Nó; llegará un dia,
que acaso en el reloj del tiempo suena,
en que la fuerte mano
del hombre llegue en tí á posarse ardiente,
y entónces, á su impulso soberano,
una existencia en tí quizás aliente.
Entónces, ya con vida,
tal vez tu masa para el mundo sea
muro de una prision aborrecida,
humilde signo de potente idea.
Tal vez tendrás un nombre;
tal vez, deshecha en trizas,
serás estátua que eternice un hombre,
pobre losa que guarde sus cenizas.
¿Lloras, mirando deshecho
el encanto embriagador,
que, de la vida al calor,
engendró en tu tierno pecho
el primer sueño de amor?
¿Lloras, por siempre perdida
tu esperanza más querida,
y la dicha y la ilusion
ardiente de la pasion,
aureola de la vida?{57}
¡Entornas tus negros ojos,
que oscuro círculo abraza,
y contraes tus labios rojos,
llenos de penas y enojos,
