Y pasa cual leve bruma
que en sí misma se deshace,
y entre la sombra se pierde
desvanecida su imágen.
Calla la naturaleza
que, tambien del dia madre,
enmudece en la agonía
de la moribunda tarde.
Y el religioso silencio
del triste y supremo instante,
deja inmóviles y mudas
á las hojas de los árboles,
que, embebecidas, esperan
que la noche les ampare,
ó vuelva á lucir el dia
para volver á besarse.
Llegan en alas del viento
melancólicos cantares,
y el eco de la campana
que á un tiempo en la aldea tañen...{36}
Y es que los hombres tambien
al ver el dia alejarse,
sienten la misma tristeza
que los campos y las aves,
y cantan ó rezan...—¡Ay!
¡quién pudiera acompañarles,
y cantar con los dichosos
y orar con los miserables!
Rueda, bañando mi mejilla helada,
lágrima temblorosa y vacilante;
pára al tocar mis labios un instante,
y refresca su piel seca y quebrada.
Contigo va de la mujer amada
el último recuerdo delirante;
contigo va de mi ambicion gigante
