¿Sabes amar, sin esperar siquiera
¡triste placer! que tu pasion conozcan?
¿Sabes llorar... pero llorar de celos?
¡Ay! no lo sabes.
Sigue, sigue inocente tu camino,
piensa una vez, y compadece al triste;
ruede una vez por tu sereno rostro
lágrima ardiente.
Y cuando al seno de la madre tierra
vuelva tu cuerpo, en mármol convertido,
unjan tu frente de olorosas flores
suaves aromas.
Tiemble al contacto de la forma pura
dándole abrigo, la feliz arena,
muera yo luégo, y del sepulcro frio
repose al lado.
La tarde muere; la sombra
se extiende por todas partes,
y con el dia concluyen
los gorjeos de las aves.
Sólo alguna que tardía
cruza tristemente el aire,
á buscar allá en la aldea
nido donde refugiarse,
exhala un débil gemido
triste, dulce, inexplicable;
tal vez un adios al dia
que no volverá á alumbrarle,{35}
tal vez murmullo de pena
al verse sola y errante.
