ella, oculta en la sombra, me esperaba,
y yo, de orgullo y gozo el alma henchida,
buscándola, en la sombra caminaba.
Sólo la tibia luz de las estrellas
mis pasos alumbraba:
su pálido fulgor me parecia
aún más alegre que la luz del dia.
Al dejarla, sus tintas de oro y grana
esparcia en el cielo la mañana,
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y cuando el sol se alzó en el horizonte,
pensando en la victoria
que al dulce amor debia,
yo no sé qué sentia
que en medio del recuerdo de mi gloria
triste la luz del sol me parecia.
¡Rey de la creacion, hombre! Despierta.
Sál del letargo en que sumido vives,
abre una vez á la verdad tus ojos,
si á resistir su luz tu vista acierta.
Despierta contemplando los despojos
de tu pobre grandeza,
mezquino sueño de tu sér soberbio.
Despierta con presteza,
