Pero aquí han terminado mis observaciones sobre su libro. Enliteratura, divido yo los
críticos (¡cuántas vecesme han dividido y me dividirán ellos á mí!) endos clases. Pertenecen á la
primera los que acogen sinprevencion, con benevolencia, las primeras obras de un jóven,saben y
comprenden lo difícil que es ponerse, sóloponerse, en el camino de la perfeccion artística, y
censuran lomalo sin acritud, ensalzan lo bueno con expansion, y hacen {xlvi}con el principiante
en tandifícil carrera lo que el hábil doctor con el enfermo deque se encarga: lo animan, lo
confortan, le prescriben elrégimen más propio para su restablecimiento, y le hacenconfiar en la
conquista de la salud.
Pertenecen á la segunda clase, los críticos paraquienes todo es malo, para quienes nadie
sabe nada, para quienes nadiedebe escribir; que vierten hiel sobre las primeras ilusiones de
unalumno de las Musas, que mutilan sin piedad sus composiciones,ensañándose en ellas con
tanta fé comoalevosía, como cristiano contra moro. A éstos no lesllamo yo críticos, sino
verdugos de los que en tiempos detriste recordacion atenaceaban el cuerpo, sacaban los ojos y
cortabanlas orejas á los delincuentes... todo con el objeto dedecidirlos á la enmienda.
Sin ciencia ni entendimiento para lo primero, me encuentro condemasiado buen corazon
para {XLVII}lo segundo, ydejo el libro de mi amigo querido á los que de una clase y deotra no
faltan en nuestra república literaria: á losprimeros se lo abandono con alegría y confianza; á
lossegundos... por fuerza se lo entrego.
Llego aquí fatigado, jadeante, como el que ha hecho unalarga jornada, con gusto, pero con
precipitacion excesiva, y conozcoque he dicho muchas impertinencias, algunas verdades, y
varias cosasque podria haber reservado para mejor ocasion... Sin embargo, ya escostumbre (y
costumbre mala, de dificilísimo destierro por lotanto) que al frente de toda nueva publicacion
vayan unas cuantaspáginas escritas con el objeto de que nadie las lea: Campo hapuesto empeño
en que el prólogo de sus versos {xlviii}lleve mi firma; yo he dejado hablarpor cuenta propia al
corazon y á la fantasía: ycomprendiendo, aunque algo tarde, que mi prólogo podria carecerde
interés, por lo ménos, una reflexion me consuela detodas las demás. Si el prólogo no se ha de
leer,más vale que sea mio que de una persona autorizada.

