mismo tiempo me ofreciera mi prometida ciertasgarantías de
honor y de dicha... y todavía añado, garantíasexcepcionales... Ya
tú sabes la educación que hoy reciben las niñas...eso aterra. Y
ahí tienes por qué mi matrimonio, aun deseándolo tanto mitía y
yo, no acaba de salir de los limbos de la hipótesis... A
propósitode mi tía: ¿vas a venir a los Genets? Mi tía me dice en
su última cartaque cuándo puede contar contigo.
—A partir del 15 de agosto estoy libre y a sus órdenes.
—¡Magnífico! No la conoces, ¿es verdad?
—No, hijo, ni aun de retrato.
—Bien, ya te he dicho que como retrato, sería... ¿cómo te diría
yo?...sería... un poco ingrata.
—Ya trataré de conquistarla.
—Tendrás méritos si lo consigues.
¿Hay en el arte especial del pintor, en esa vida
solitaria,semiclaustral que su profesión le impone, en esa
afanosa carrera en posde un tipo de absoluta belleza, jamás
alcanzado, alguna secreta virtudque eleve su espíritu, que depure
su moral personalidad? No lo sé, masno me engañaría si
asegurase que suelen encontrarse en los talleres delpintor, con
más frecuencia que en cualquier otro sitio, esas almascandorosas
y graves, esos corazones sencillos, rectos y altivos que tanalto
