—Querido—decía Julio algunos días después en tono
confidencial a suamigo Pierrepont—, sabes que si yo soy fin de
siglo, ¡mi mujer lo esaún más que yo!
—Me admiras, Julio—respondió Pierrepont.
EL PALCO DEL TEATRO FRANCÉS
Dos meses después del casamiento de la señorita de La
Treillade con elbarón Julio Grèbe, Fabrice y su mujer,
acompañados de los señores deAymaret, fueron una noche al
teatro Francés.
Ocupaban aquel grande y conocido palco de escena que la
administracióndel establecimiento se reserva, cediéndolo de
cuando en cuando a losamigos de la casa, y ese palco es tanto
más buscado cuanto que de éldepende un saloncito colocado
enfrente del otro lado del corredor.
Eran las nueve y media y acababa de levantarse el telón para
darprincipio al segundo acto de Mademoiselle de la Seiglière,
cuando laatención que Beatriz y la de Aymaret prestaban a la
pieza, fuebruscamente interrumpida por la estruendosa entrada
que efectuaban treso cuatro personas en el palco opuesto al que
ocupaban nuestrasconocidas, quienes reconocieron en seguida a
la baronesa de Grèbe, porsu familia de La Treillade, escoltada
de su fiel institutriz y seguidadel marido y del marqués de
Pierrepont.
Estas señoras y caballeros parecían estar de muy buen humor,
tanto, quela exuberancia de sus demostraciones levantaron en la
sala algunosmurmullos de descontento.
