Not a member?     Existing members login below:

Honor de Artista

hablan en honor de la humana especie; y sin que pretenda dar a
miobservación la fuerza de una verdad axiomática, que sería
irracional einjusta, puedo decir en conciencia, que pocos
caracteres podríancompararse en nobleza con los de algunos
artistas a quienes muy de cercahe conocido.
Los orígenes de Jacques Fabrice eran humildísimos.
Desempeñaba su padre modesto empleo en una de las alcaldías
de París, y,aunque murió joven, vivió, sin embargo, lo bastante
para contrariar portodos los medios la precoz disposición que
para las artes del dibujomostrara el niño. Ocupábase la madre en
la, confección de floresartificiales, y dotada de más delicado
instinto, simpatizabasecretamente con los gustos de su hijo. Una
vez viuda, consiguió enbreve hallar el camino de procurar a éste
la indispensable enseñanzaartística, alentándolo al propio
tiempo en su noble vocación; y contabael muchacho apenas
quince años, cuando ya podía ayudar a la madre enlos breves
gastos de su pobre hogar, pintando para el caso muestras
detienda, en los estrechos intervalos que le dejaba el
aprendizaje. Díceseque fue viéndole trabajar en la fachada de
cierta miserable taberna deMeudon, donde uno de los príncipes
de la pintura contemporánea echó dever sus méritos, y tal afecto
le cobró a poco, que no sólo lo recibió ensu taller, sino lo que es
más, dos años después llevólo consigo aItalia. Tuvo la madre de
nuestro Fabrice la dicha inefable de presenciarlos triunfos
primeros de su hijo, quien le debía en parte no sólo lanaciente
nombradía, si que también esa atractiva mezcla de suavidad y
deenergía que es la natural y conmovedora consecuencia de ese
doble papelde protegidos y de protectores que nos hacen, tantas
veces jugar losacontecimientos.
Remove