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Honor de Artista

—Justamente la casualidad me proporciona una excusa, que
me pareceaceptará aquélla. Ayer, sin ir más lejos, he recibido
carta de un amigode Inglaterra, lord S... invitándome a ir a pasar
con él dos o tressemanas en Batsford-Park. El convite tiene un
carácter especial; setrata de una reunión de caza a que debe
asistir un personaje de sangrereal que se ha dignado designarme
entre las personas que desearía loacompañaran; me propongo,
pues, partir mañana.
—¡Es lo mejor!—asintió, la señora de Aymaret.
Entretanto había llegado a la vista de las Loges; el marqués
paróse unmomento, y tocando la mano a la vizcondesa, le dijo
con acentoconmovido:
—No sé si tendré tiempo de ver a usted antes de mi partida...
hasta lavista, pues... ¡mil y mil veces gracias!
—¡Dios mío! ¿gracias de qué?
—De su leal amistad... hasta la vuelta...
—¡Hasta la vuelta!
Y se alejó en dirección a las Loges, mientras que Pierrepont
volvía alcastillo.
So pretexto de una violenta jaqueca abstúvose aquella mañana
la señoritade Sardonne de presentarse en el almuerzo, pero su
ausencia no escapó ala suspicaz atención de la baronesa, como
tampoco se le había ocultadola sombría preocupación de su
sobrino. Conocía también ya que la señorade Aymaret tuvo
aquella mañana y en hora inusitada cierta misteriosaentrevista
con Beatriz; así, pues, relacionando estos tres incidentes yatando
cabos, vino a caer en la cuenta de lo que pasaba,
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