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Honor de Artista

mientras que Fabrice cambiaba algunas frasescon la señora de la
casa.
—Tanto gusto de contarlo a usted en el número de mis
amigos—dijoaquélla con su más amable sonrisa—, y muy
orgullosa de que mi retratosea hecho por mano tan experta... y
por cierto que no es un estímuloretratar a una mujer de mis años.
—¡Señora!
—Pero, según tengo entendido, también es usted paisajista...
Hay en losalrededores puntos de vista deliciosos... Ese será su
desquite y suconsuelo de usted.
—Señora baronesa, crea usted firmemente que no tengo
necesidad ni deluno ni del otro.
—¿Permite usted que los modelos hablen durante la sesión?
¿No incomodaa usted eso?
—Todo lo contrario, señora; así se me ofrecerá la ocasión de
darme másexacta cuenta de la fisonomía.
—¡Tanto mejor!... soy por naturaleza muy habladora... ¿no es
verdad,Beatriz?
—Yo no me quejo, señora—dijo Beatriz sonriendo
débilmente.
—¿Ve usted, señor? no se queja pero asiente.
El piafar de los caballos acompañado de un tumulto de risas y
de vocesanunció que la cabalgata estaba de vuelta. Tres o cuatro
hermosasjóvenes se apearon, sosteniendo con sus manos las
colas de sus vestidos,que por aquellos tiempos se tenía el buen
gusto de llevar más largos queahora, y presentaron sus frentes a
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