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Historia de una Parisiense

mismo no le disgustaba el no afrontar la presencia de sumujer
tan en seguida concediendo que tal vez por simples sospechas
habíaprocedido con demasiada ligereza e ido demasiado lejos.
Nadie siente una gran satisfacción en haber muerto a un
hombre; y elseñor de Maurescamp, por poco sentimental que
fuese, no dejaba deexperimentar ciertos remordimientos, que se
adivinaban en lasdisposiciones conciliadoras que manifestó a la
señora de Latour-Mesnil.Convínose, pues, en que la señora de
Maurescamp quedaría con su hijo, yque acompañaría a su madre
primeramente a Vichy y después a Suiza yVevey, donde
pasarían el verano. Mientras tanto, los sentimientos de unoy otro
se calmarían, modificándose, tanto más, cuanto que en
todoaquello no había habido sino una serie de errores.
Aquel duelo había ocupado a París durante ocho días.
La catástrofe final llegó a producir un movimiento de opinión
favorablea la reputación de la señora de Maurescamp; había,
entre la crueldad deaquel desenlace y las ligeras imprudencias
de conducta que podíanreprocharse a Juana y al señor de Lerne,
una desproporción tal, que seimpuso a todos y desarmó a la
calumnia. La opinión general fue que elseñor de Maurescamp se
había mostrado feroz e implacable, para con unhombre que no
tenía más crimen, según se creía, que el haber dadolecturas con
su mujer. Estos rumores y apreciaciones de las
gentes,tranquilizando la vanidad del barón y lisonjeando su
orgullo,contribuyeron a la reconciliación de los esposos.
La señora de Maurescamp manifestose en los primeros
tiemposcompletamente rebelde a toda idea de reconciliación.
Pero después de doso tres meses pasados en un estado de
estupor desesperado, pareciódespertarse repentinamente bajo la
impresión de nuevas reflexiones.Declaró a su madre que cedía a
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