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Historia de una Parisiense

por su afectación en hablar en inglés,durante el almuerzo,
sabiendo, como sabía, que él, el dueño de la casa,no entendía
aquel idioma, y finalmente, por su conducta en
general,impertinente y provocadora.
Los señores de Monthélin y Hermany, perfectos caballeros,
aunque algoles faltara, no hicieron observación alguna contra la
poca importanciade los cargos, comprendiendo que era
únicamente un pretexto para ocultarotros más serios y legítimos.
El señor de Maurescamp añadió: que tenía por sistema
terminar tal clasede negocios lo más pronto posible, para evitar
la publicidad, y, sobretodo, la intervención tan terrible de las
señoras. Rogó, porconsiguiente, a aquellos señores que fuesen
inmediatamente a verse conel señor de Lerne, y arreglasen aquel
asunto que confiaba a su amistad.
El señor de Monthélin manifestó que su duelo con de Lerne le
inhibía deaceptar la misión que quería confiársele. En
consecuencia, el señor deMaurescamp pensó en otro de sus
amigos, el señor de la Jardye,igualmente miembro del Círculo, y
a quien Hermany fue a buscar en unasala contigua. El señor de
la Jardye gustaba mucho de las ocasiones quele permitían darse
importancia. Trató, sin empeño alguno, únicamente porla forma,
de hacer oír algunas palabras conciliadoras; pero había sidode
los que asistieron al almuerzo de Diana Grey, y acabó por
declarar,que puesto que le tomaban su parecer, su opinión era
que en aquellaocasión habían pasado al señor de Maurescamp
cosas muy difíciles detragar, y por consiguiente, estaba a las
órdenes del señor deMaurescamp.
Mientras tanto, el señor de Lerne se hallaba muy lejos de
imaginarse lafiesta que le armaban. Paseose tranquilamente por
el bosque, según sucostumbre, y a las diez entró en su casa.
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