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Germana

»Por desgracia, hay gentes que se pondrían luto si yo curase y que no seconsolarían
jamás si me viesen viva. ¿Qué le vamos a hacer? Están en suderecho. He contraído
una deuda y tengo el deber de pagarla.
»Mi querida mamá, ¿qué piensa usted del señor de Villanera? ¿Quéconcepto tienen
de él en París? ¿Es posible que un hombre tan sencillo,tan paciente y tan dulce, sea un
mal hombre? Me he fijado en sus ojospor primera ver hace poco días; son unos
hermosos ojos capaces deengañar al más listo.
»Adiós, mi buena madre; rece por mí y vea si puede obtener de mi padreque vaya
un día a la iglesia con usted. Si él hiciera eso por su pequeñaGermana, la conversión
sería completa y yo quizá me salvaría. Debe haberuna recompensa allá arriba para los
que conducen un alma a Dios. ¿Peroquién podrá tener crédito en el cielo si no es
usted, querida santa?
»Con una ternura infinita soy siempre su respetuosa hija
»GERMANA.
»P. S. Los besos para mi padre son los que hay a la derecha de la firma;los de usted
son los de la izquierda.»
VII
EL NUEVO DOMÉSTICO
El duque no enseñó a la señora Chermidy la carta de la condesa, pero lehizo leer la
de Germana.
—Ya ve usted—le dijo—; ha adelantado la mitad del camino en sucuración.
Ella se esforzó en sonreír y respondió:
—Usted es un hombre dichoso; todo le sale bien.
—Menos el amor.
—¡Paciencia!
—No se puede tener mucha a mi edad.
—¿Por qué?
—Porque no hay tiempo que perder.
—¿Quién es ese viejo Gil que le trae las cartas? ¿un correo?
—No; es un ayuda de cámara que pide un substituto. La señora deVillanera encarga
a la duquesa que le busque un buen criado.
 
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