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Germana

está cada vez peor; el viaje la hafatigado más aún que si se hubiese mareado. La
señora de Villanera no laabandona ni un instante; don Diego se porta admirablemente;
en cuanto amí, hago todo lo posible, es decir, muy poco. Es inútil ensayar
untratamiento que añadiría sufrimientos sin aumentar las probabilidades decuración.
¡Es usted muy dichosa, señora, de tener tanta belleza comosalud!
»Si esta crisis no es la última, intentaré el amoníaco o el yodo. Elyodo triunfa en
algunos casos; los señores Piorry y Chartroule loemplean con éxito. ¿Usted será tan
amable que nos envíe el aparato deldoctor Chartroule y una provisión de cigarrillos
yodados? Todo loencontrará en la farmacia Dublanc, calle del Temple, al lado
delbulevar. El amoníaco también da buenos resultados; pero el único remediocon el
que se pueda contar seriamente, es un milagro. Así, pues, vivausted en paz, ténganos
un poco de cariño y ayúdenos a cumplir nuestrodeber hasta el fin. El viejo Gil, que la
condesa había traído para quele sirviese, ha caído enfermo de las fiebres de Italia,
aunque ésta nosea la estación de las fiebres. Es un enfermo más y un servidor menos.
»La alegría y la salud tienen una magnífica representación en la casa:el pequeño
Gómez. El día que lo vuelva usted a ver será bien dichosa. Selo ve crecer y hasta creo
¡Dios me perdone! que está embellecido. Serámenos Villanera de lo que me figuraba
al principio. La verdad es queparecería cosa del diablo si no tuviese algo de su madre.
Es menoshuraño; se deja besar y besa; alarga los labios hacia todas las carascon una
impetuosidad que sería inquietante en una niña.
»Don Diego está en negociaciones con un descendiente de un dux paraalquilar una
casa que le convendría mucho. La campiña está dividida enuna multitud de
propiedades agradables, adornadas con castillosruinosos. Yo he visitado algunos
jardines; son generalmente máshabitables que las casas a que pertenecen. Esos
chiribitilesaristocráticos que conservan un aire de grandeza en medio de sudesolación,
participan de granja, de castillo y de choza. Si conseguimosalquilar la villa Dandolo,
quizá no estaremos del todo mal. Bastará conponer algunos vidrios en los balcones.
La exposición es admirable, alMediodía, sobre el mar. El jardín, muy hermoso. Los
vecinos son nobles ydicen que algunos hablan el francés. ¿Pero quién sabe si
tendremostiempo de entablar conocimiento con ellos?
»No echaré de menos la estancia en la ciudad, aunque en ella se vivabien. Es muy
linda y en ciertos aspectos me recuerda Nápoles. Laexplanada, el palacio del lord
comisario y los alrededores forman unaciudad inglesa. Los ingleses han construido a
expensas de los griegosfortificaciones gigantescas que hacen de la plaza un pequeño
Gibraltar.Yo asisto todas las mañanas a las evoluciones de un regimiento deescoceses
que me divierten mucho con sus cornamusas. La ciudad griega esantigua y
curiosamente construida: casas altas, pequeñas arcadas y unalinda cabeza en cada
balcón. El barrio judío es repugnante, pero seencuentran perlas en aquel estercolero
dignas del lápiz de Gavarni. Lapoblación se compone de griegos, italianos, judíos y
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