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Germana

acreedores. Deme usted su inscripción de renta y yo haré que lavenda mi agente de
cambio. Guardaré el capital, porque no me fío deusted. En cambio es absolutamente
preciso que acepte el producto. Y nocrea que éste será de cincuenta mil francos; serán
ochenta mil o cienmil, quizá más. Conozco la Bolsa a fondo, aunque nunca haya
puesto lospies allí; y sé que se gana todo lo que se quiere con algunos millonesen
dinero contante y sonante. El papel del Estado es una admirableinvención para los
burgueses que quieren vivir modestamente y sinpreocupaciones. Para las gentes de
nuestra clase que no temen el peligroni el trabajo, ¡viva la especulación! Es lo mismo
que el juego en granescala y usted es jugador, ¿no es cierto?
—Lo he sido.
—Y lo es aún. Correremos juntos el mismo albur; pondremos en comúnnuestros
intereses, nuestros placeres, nuestros temores, nuestrasesperanzas.
—Los dos formaremos como uno solo.
—En la Bolsa, al menos.
—¡Honorina!
Honorina pareció sumirse en una profunda reflexión y ocultó el rostroentre sus
manos. El duque se apoderó de ellas poniendo fin así a aqueleclipse de belleza. La
señora Chermidy le miró fijamente, sonrió conmelancolía y le dijo:
—Perdóneme usted, señor duque, y olvidemos nuestros castillos en elaire. Nos
extraviábamos en el porvenir como dos niños en el bosque. Eraun dulce sueño, pero
no pensemos más en ello. No tengo el derecho dedespojarle, aunque sea para
enriquecerle. ¿Qué dirían de mí? ¿Quépensarían de usted mismo? ¡Si la señora
duquesa se enterase de lo quehabíamos hecho!
La señora Chermidy sabía perfectamente que para hacer odiosa a una mujerante su
marido, es suficiente pronunciar su nombre en ciertos momentos.El duque respondió
altivamente que su mujer no se mezclaba nunca en susnegocios y que además lo tenía
prohibido.
—Pero—continuó la tentadora—usted tiene una hija; y todo lo que ustedposee debe
volver a ella. No estaría bien.
—Pero—replicó el duque—mi hija tiene un hijo que es el de usted.Nuestras
fortunas irán juntas al pequeño marqués. ¿Acaso no somos de lamisma familia?
—Usted ya me dijo eso otra vez, señor duque; pero aquel día me causómenos placer
que hoy.
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