Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Genio y Figura

Te aseguro que lamenté y lloré mi viudez con no menor abundancia delágrimas que las que
vertería la más fiel y enamorada de las esposas aquien se le muriese, en la flor de la juventud, su
idolatrado y gentilmarido. No se afligió más que yo Artemisa con la muerte de Mausolo,
niVictoria Colonna con la del Marqués de Pescara, ni la propia Venus conla de Adonis. Y esto se
explica muy bien. Las mencionadas señorasperdían algo de muy querido, perdían su encanto, sus
delicias, pero, alcabo, no perdían nada que fuese como el propio ser de ellas mismas. Yosí que le
perdía, porque mi D. Joaquín, tal como le había yotransformado y mejorado, era primorosa
producción y criatura de miingenio. Para afligirse como yo hubiera sido menester que, con
losrespectivos amados, perdiesen la Colonna sus canciones y sonetos,Artemisa su famoso y
monumental sepulcro, y Venus el cinto donde estánen germen sus virtudes y milagros.
El espíritu no es extenso, y por consiguiente no tiene lados, pero yo mele represento con lados
para comprenderle mejor. Así es, que, cuandomiraba yo mi espíritu por el lado de mi profundo
dolor de viuda, veíalúgubre y tristísima noche; pero, al mismo tiempo, por el ladocontrario,
empezaba a clarear, como cuando por el Oriente nace el alba,y hasta pensaba oír yo el leve
susurro del viento matutino y allá máslejos el melodioso canto de los pájaros. Será
contradictorio, pero nadamás natural que las contradicciones. Había dado yo cima al
cumplimientode un penoso deber y podía reposarme: había acabado la obligación quecontraje y
había acabado también, aunque dorada y fácil, la servidumbreen que yo había vivido. Me sentía
de nuevo en plena libertad y esto mealegraba. El susurro del viento, el canto melodioso de los
pájaros y laluz de la aurora, eran la vida del porvenir que venía a consolarme, adesvanecer mi
tristeza y a convidarme a nuevos goces.
Yo me hallaba, además, satisfecha y hasta engreída de mi conducta, locual basta y sobra para
aliviar y calmar todo dolor por grande que sea.Pude lícita y honradamente ser millonaria y no
quise. Con pasmosagenerosidad repartí entre parientes, amigos y paisanos los cuantiososbienes
de mi marido. Sólo guardé para mí, relativamente, una pequeñísimaparte: menos, mucho menos
de lo ganado durante la sociedad conyugal:mucho menos de lo que por derecho me pertenecía.
Mi estupendagenerosidad tenía pasmados a todos los brasileños. No había quien no mecelebrase
y aplaudiese. Buena ocasión me pareció esta para responder alaplauso con un finísimo saludo de
despedida y buscar otros horizontes,otras escenas y otras gentes, según correspondía a la vida
nueva que ibaa empezar para mí.
En efecto, no bien embarqué en Río, levó anclas el barco de vapor yempezó a andar, dejando
un surco de espuma, si por una parte la vista dela ciudad y de la fértil y risueña costa que iba
desvaneciéndose, y elrecuerdo de las personas queridas, hicieron brotar de mis ojos
algunaslágrimas, por otra parte sentí que se me ensanchaba el pecho, que surgíapara mí como
una nueva juventud, y hasta imaginé que el frescovientecillo que corría, húmedo y salado,
agitaba mis recuerdos tristes,como si fuesen las hojas secas de un árbol, y los arrojaba en el
surcoque la nave iba formando, a fin de que en el árbol, libre de aquel pesoenojoso, brotasen con
premura nuevas hojas y nuevas flores.
En resolución (¿y para qué te lo he de negar?), antes de salir de labahía de Río de Janeiro me
sentí y me reconocí yo, en el centro de miser, como la viuda más sentimental y llorosa, y más
regocijada y alegreal mismo tiempo, que sin dificultad puede concebirse, pero que con
grandificultad suele confesarse.
Remove