Not a member?     Existing members login below:

Genio y Figura

En extremo se pasmó el Vizconde del extraordinario progreso del espíritude Rafaela en
agudeza y en profundidad, y de su corazón en elevacionesmorales. Él pensó, no obstante, que
estas elevaciones, la gratitud deRafaela y su reconocido deber de hacer dichoso a D. Joaquín, no
sehabían opuesto hasta entonces, ni se opondrían en lo futuro, a ciertosdulces, misteriosos y
fugaces abandonos. Pensó también que Rafaelaestaba afligidísima porque no había podido nacer
en ella el amor puro. Ypensó, por último, que para consolación de tantas cuitas, y vista
ydeclarada la imposibilidad del amor puro, aún podría servir el mixto,tal como Rafaela le
entendía y le había descrito, o sea la combinaciónde la amistad, del aprecio, del anhelo de lucir
generosidad y gallardíay de la sed del deleite.
Rafaela estaba bellísima: incomparablemente más bella que allá enLisboa, en la plaza de toros
o en el Retiro de Camoens. Entonces eradiamante en bruto: ahora diamante pulimentado y
primorosamente engarzadoen cerco de oro. Entonces era como planta silvestre de flor menuda
ydesabrido fruto, y ahora como planta cultivada con el mayor esmero, ricaen flores odorantes y
pomposas y en los frutos más exquisitos ysazonados.
Hechas estas reflexiones, que asaltaron con rapidez y en tumulto lamente del Vizconde, y
movido además por el deseo, por el cariño y hastapor la obligación en que se creía de ofrecer
consuelo, a fin de no pasarpor descortés y por sandio, el Vizconde recordó con viveza las
antiguasintimidades y mostró con mayor viveza aún el prurito de renovarlas. Perose llevó chasco
y se quedó frío.
Rafaela, sin menguar en nada su amistad hacia el Vizconde, y sindescomponerse con
violencia y con enojo, le rechazó de modo tan resueltoy tan firme, que se disiparon las ilusiones
que él se había forjado yreconoció que sólo con amistad podía consolar a Rafaela y ella queríaser
consolada por él.
El Vizconde tuvo el buen gusto de acomodarse a las circunstancias e hizobien el papel de
confidente y amigo. Así el coloquio duró aún más de unahora. Rafaela volvió a hablar de su
pena, de su aspiración no cumplidade amor verdadero y de la desesperanza que de este amor
tenía,celebrando y llorando a la vez por ello la partida de Juan Maury.Declaró por último su
firme propósito de consagrarse en adelante a laamistad sólo; a la amistad sin combinaciones y
llena de limpieza. Paraesto, para que fuese su íntimo amigo, había citado al Vizconde. El
otroamigo predilecto, cuya vida, mejorada por ella, quería seguir endulzandohasta que llegase a
su fin e iluminándola con luz hechicera, era elseñor de Figueredo.
Terminadas todas estas revelaciones y apasionados discreteos, Rafaelatocó la campanilla, vino
Madame Duval y sirvió el té con bizcochos,pastas y tostadas, y ya con excelente crema de las
vacas que había en lachácara de Petrópolis.
El Vizconde tuvo que irse después por donde había venido, con elcontento de que se hubiese
reanudado y estrechado tan dulce amistad, ycon la melancolía de que fuese ya otra su forma,
harto más sutil,depurada y etérea que en lo antiguo.
-XXIII-
 
Remove