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Genio y Figura

Don Joaquín no volvió a servirse del bastón, porque Rafaela le dijo queel verle le hacía daño.
En efecto; Rafaela era una criatura muy singular. Al principio hallóchistosa la equivocación
de su marido y se rió de todas veras, conplacer semejante al que produce la representación de un
grotescosainete; pero la tenaz persistencia de la escultura en sus muecas yvisajes le produjo un
efecto muy raro. Del mismo modo que al restregarun fósforo se hace brotar la llama, se diría que
aquella figura, con suspersistentes y fantásticos movimientos, le restregó las telas delcerebro, y
barriendo de allí las imágenes ridículas, hizo aparecer elcuadro vivo de tristes sucesos a que ella
había dado ocasión, cuando nocausa, y la no menos viva representación de la deplorable
facilidad conque ella, casi sin saber cómo, había abandonado, en un momento dealucinación, los
sinceros propósitos y los excelentes planes que lehabía hecho concebir el Padre García. Tal vez
en la misma noche en queArturito y el gaucho reñían un duelo a muerte, ella con el inglesito
sehabía olvidado de todo. El puño del bastón, con su monstruosa ysemi-humana figura, de
repente se trocó en un espectro para ella; en unespectro que acudía a atormentarla con burlas
espantosas.
La señora de Figueredo, con todo, no se ahogaba en poca agua ni seasustaba por cualquier
niñería. El ahogo y el susto pasaron pronto.Todas las cosas volvieron al ser que tenían.
El inglesito llegó a ser íntimo en casa de Rafaela. Don Joaquín concibiópor él mucho más
cariño que el que tuvo al gaucho, y casi estamos porafirmar que un poco más que el que tuvo a
Arturito. Hasta la propiaMadame Duval le cobró mayor amistad, le consideró más que a nadie y
lemiró como si fuese el señorito hijo de la casa, hablándole siempre eninglés y dándole el
tratamiento de Master John.
Pasado este incidente, advertido sólo por el vizconde de Goivoformoso ypor los tres actores
principales, empezó y transcurrió una épocabrillantísima para el hotel de los señores de
Figueredo y famosa en losanales de la high life fluminense. Banquetes, animadas tertulias,bailes,
lucidas cabalgatas y hasta giras de campo se sucedían con cortainterrupción. El inglesito no
faltaba jamás en estas diversiones. YRafaela, como el sol en el meridiano, resplandecía por su
hermosura yelegancia y parecía dichosa. Lo que es D. Joaquín no se mostraba menoselegante ni
menos satisfecho, aunque sí harto menos bonito, y dejandonotar en la flojedad de sus piernas y
en el temblor de sus manos que loque llaman vulgarmente el bajón iba llegando para él, y que así
paraél como para los demás mortales, no pasan en balde los años.
-XXII-
Pronto pasó uno más, cuando ocurrió algo que, si bien hubieradebido preverse, fue muy
doloroso para Rafaela. Juan Maury, trasladadopor su gobierno con ascenso a una Legación de
Europa, tuvo que abandonara Río de Janeiro. Rafaela sintió sin duda grandísimo pesar, pero no
lefaltó energía para disimularle, y a los ojos del público aparecióimpasible y serena, así en los
días que precedieron a la partida de JuanMaury como después de su partida.
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