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Genio y Figura

Supuesto lo que antecede, murmuraban unos y celebraban otros que,avergonzada Rafaela de
no tener en su casa ni leche de vacas ni butirofresco, había inducido a D. Joaquín a fundar una
buena casa de vacas enla chácara de Petrópolis, donde había ricos y abundantes pastos: uncapim
exquisito. D. Joaquín hizo venir, de Inglaterra, de Holanda y deSuiza, vacas de leche de las
mejores castas, y pronto tuvo butirofresco en abundancia y crema deliciosa.
-X-
Harto notarán los que lean con atención este relato, que el másmarcado rasgo del carácter de
Rafaela era su propensión invencible a serdidáctica. Y no puede negarse que para educar y
perfeccionar a cuantosseres la rodeaban poseía aptitud pasmosa. Ya hemos visto los milagrosque
obró en su D. Joaquín.
En su confidenta, que las malas lenguas suponían su Enone, hizo tambiénmaravillas. Era una
francesa que antes de entrar en su casa se habíasustentado dando lecciones del propio idioma y
del inglés, que sabíacasi con igual perfección. Rafaela, que la había tomado primero pormaestra,
acabó por tomarla por acompañanta. La sentaba a su mesa, lallevaba consigo a misa, a tiendas y
a paseo, ya a pie, ya en coche, y ensus tertulias le encomendaba que sirviese el té y que diese
conversacióna los tertulianos más fastidiosos y ordinarios.
Madame Duval, que así se llamaba la confidenta, por afirmar ella mismaque era viuda de un
Comandante francés de caballería, muertoheroicamente en Argelia matando moros, tenía
cualidades excelentes, peroera remilgadísima y empalagosamente afectada, y empleaba al hablar
treso cuatro muletillas y frases sentimentales, que apenas se podían sufriry pervertían y
maleaban todas las virtudes y excelencias de la buenaseñora. Rafaela acertó a curarla de estos
resabios, por tal arte, que, alos pocos meses de tener a Madame Duval a su servicio, se había
estaconvertido en persona natural y sencilla, de trato franco y agradable,el cual ya como antes no
se quebraba de puro fino.
Tenía Rafaela la habilidad de insinuarse en los espíritus, de dominarlas voluntades y de hacer
eficaces sus amonestaciones educadoras sinofender el amor propio de los educandos. De aquí
que los criados de sucasa, blancos y negros, la respetasen y la amasen, resultando todos
másinstruidos y hábiles a poco de entrar a servirla. El cocinero guisabamejor. El cochero mulato
era un verdadero automedonte, y sentado en elpescante del landó tenía la mejor facha: hubiera
podido pasar por elcochero del Príncipe de Gales, untada la cara con tizne. El jardineronegro
había llegado a saber casi tanta botánica como Spix y Martius,doctísimos investigadores de la
Flora brasílica. Entre los mozos decaballeriza descollaba, cual hábil palafrenero, el ínclito y
triunfadorTrajano, negro mina que tenía singularmente a su cuidado los doshermosos caballos
ingleses en que solía pasear la señora. Elmaestresala, que era asturiano, se había pulido tanto en
su oficio, quehubiera podido escribir, en consonancia con los adelantos de la épocapresente, una
Arte cisoria más bonita que la de D. Enrique de Villena.Y por último, los otros criados de
comedor, aunque eran negros, servíancon primor en los banquetes, y todos se habían
acostumbrado a llevarzapatos de continuo, y a no ir descalzos de pie y pierna, según la
comúnusanza de entonces.
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