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Genio y Figura

a mi amigo el Vizconde, yono le retiro, sino que le dejo en la escena, porque es uno de
losprincipales actores.
-IX-
Todavía, antes de proseguir contando la vida y milagros de Rafaela,me incumbe hacer una
aclaración. Voy a penetrar, no ya como merohistoriador, sino como novelista, así en los más
apartados rincones dela casa de Rafaela, como en el centro más recóndito de su alma; pero
porningún estilo quiero fingir nada, y sólo penetraré en las profundidadesdonde el novelista
penetra, cuando lo que yo muestre en dichasprofundidades sea tan lógica consecuencia de la
verdad históricamentedemostrada que no pueda menos de ser también la verdad. Y sobre
aquellode que yo no esté seguro, sino dudoso, no imaginaré ni bordaré nada,dejándolo en cierta
penumbra y como entre nubes.
Es innegable que Rafaela pagaba a D. Joaquín la posición que le habíadado. Por ella andaba él
aseado, elegantemente vestido y empleado ennegocios importantes que le daban honra y
provecho. Ella le cuidaba, lemimaba, mostraba quererle, y, sin duda, le quería. Lograba que
fuera desu casa olvidara o prescindiera el vulgo de los antecedentes de D.Joaquín, no le quisiera
mal y casi le respetara. Y lo que es en casa,con sus mimos y con su dulzura, Rafaela le hacía
dichoso, arrebolando ydorando con luz alegre los días de su vejez y colmándolos desatisfacción
y de ventura.
De las coqueterías de Rafaela no había nadie que no tuviese certidumbre;pero, si estas
coqueterías no pasaban de cierto límite, más que ofendera D. Joaquín lisonjeaban su amor
propio. Lo que es él, estaba convencidoo se empeñaba en estar convencido de la fidelidad de
Rafaela.
Los maldicientes y murmuradores tenían sus hablillas, pero concertidumbre nada malo se dijo
durante los tres primeros años delmatrimonio de los Sres. de Figueredo. Sólo se propalaban
vagasacusaciones.
Don Joaquín, entre las diversas empresas que había acometido, contabatambién la de
agricultor en grande. No lejos de Petrópolis habíacomprado extensísimos terrenos y había
formado en ellos una magníficafazenda de diversos plantíos y sembrados, donde empleaba para
ladirección y los más delicados trabajos a bastantes colonos alemanes ypara las faenas más rudas
multitud de esclavos negros. En el sitio máspintoresco de la propiedad, al borde de un riachuelo
de agua cristalinay cercada de ameno jardín, se parecía la chácara o casa de campo, convivienda
muy cómoda para señores. Allí iba D. Joaquín a menudo, ya parainspeccionar la finca, ya para
solazarse con algunos viejos amigos en elejercicio de la caza, a lo que convidaba no corta
porción de la tierraque poseía, inculta aún y formando risueña e intrincada floresta, encuyo seno
abundaban los pájaros y no pocos otros animales silvestres,como grandes lagartos y tatúes o
armadillos.
 
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