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Genio y Figura

Luego que consiguió informarse con exactitud de lo que importaba todo elcaudal de don
Joaquín, concibió un plan económico muy hábil, e hizo queél le adoptase, cambiando
enteramente su manera de vivir, como habíacambiado la apariencia de su persona. Rafaela
dividió en dos partes loscuantiosos bienes de D. Joaquín. A la parte más pequeña,
aunquesuficiente para el fin a que ella la destinaba, llamó capital triunfantey beatífico. Y a la
otra parte, muchísimo mayor, llamó capitalmilitante.
El capital triunfante y beatífico estaba compuesto de predios rústicos yurbanos y de valores
públicos muy seguros; todo ello, hasta donde cabeen la inestabilidad de los casos, al abrigo de
los vaivenes, golpes yreveses de la fortuna.
De la renta de dicho capital, que no había de ser ni alterado nimermado, viviría D. Joaquín con
grande esplendor y lujo, y cuantosobrase, sin hacer ahorros mezquinos, se dedicaría a obras de
caridad ya socorrer y a aupar a los parientes pobres y menesterosos, de quienesen manera alguna
debe avergonzarse quien los tenga, si bien ha deprocurar ponerlos en situación de poder alternar
con ellos sin eldisgusto que causa el alternar con gente zafia, hambrienta y malvestida.
Hecho esto, y asegurada ya una vida holgada, cómoda y generosa, D.Joaquín quedaba con un
gran capital militante para no tenerle ocioso niestarlo él, sino para emplearle y emplearse en
empresas, no mezquinas yruines, sino grandiosas, y tanto para él como para la nación a que
élpertenecía, y aun para la sociedad entera bienhechoras o productivas.Hasta entonces D.
Joaquín, según Rafaela le hizo notar y comprender, nohabía creado riqueza alguna: no había
hecho más que dislocar la de losotros, absorbiéndola y acumulándola por medios ingeniosos,
más o menosde acuerdo con la moral, pero que no infringían el menor precepto de loscódigos.
En esto se empeñó y consiguió Rafaela que D. Joaquín cambiase de métodoy conducta. En
adelante no había él de ganar un solo rei quepresupusiese que otro le había perdido, sino que
había de ser un reinuevo, si añadido a su caudal, añadido también a todo el acervo de lariqueza
de su nación y hasta del género humano.
En ninguna región del mundo mejor que en el Brasil podía entoncesconseguirse esta creación
de la riqueza, aplicándose a tareas agrícolas,industriales, mercantiles y constructoras. El
territorio dilatado yfertilísimo, la coexistencia en él de todos los climas y de lasproducciones más
varias, la apenas explotada virtud productiva del sueloy del subsuelo, la carencia de vías de
comunicación que convenía abrir,los ríos caudalosos de curso dilatadísimo que se podían
navegar, y lasrisueñas y pomposas florestas vírgenes, bellísimas, pero inútiles alhombre, que
convidaban a que su codicia y su trabajo las trocase enplantíos y sembrados ubérrimos, todo esto
más que indicio era pruebaevidente de que, si D. Joaquín consagraba su ingenio, su actividad y
elcapital ya acumulado a producir objetos provechosos a la generalidad delos seres de su especie,
podría hacerse mucho más rico de lo que ya era,mereciendo, en vez de ser aborrecido, que sus
conciudadanos le mirasencomo a un bienhechor con gratitud y con respeto.
No bien Rafaela trazó este plan, el obediente y sumiso Sr. de Figueredole aceptó y empezó a
realizarle.
En la parte primera del plan había un punto que Rafaela no quiso tocar,ni menos señalar, no
por hábil, sino por modesta y desprendida. Estepunto le adivinó, le tocó y le señaló el propio D.
Joaquín, impulsadopor el afecto y por la admiración que Rafaela le infundía. Sin duda
paraanimar y alegrar su magnífico hotel, necesitaba D. Joaquín de mujerpropia y elegante que en
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