Read The Great
Gatsby
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—¡Qué malo!—Y tantas fueron sus burlas y sacrilegios que... Dios me loperdone... me
incomodé. Le dije que no me hacía falta su dinero paranada, y que tendría miedo de tomarlo en
mis manos, por ser dinero deSatanás. Pero esto es un dicho, ¿sabes?
—Claro.—¿Y aquí no ha hablado de religión?
—No; ni jota. Mamá no se lo toleraría. Ha hablado de que en España haymás pulgas que en
Francia.
—¡Dale! ¡Qué importará que haya pulgas con tal que haya cristiandad!Las cosas que dicen
estos herejotes nos indignarían si no las tomáramosa risa. Tú no sabes bien lo protestante y
calvinista que viene ahora. Mehorripilé oyéndole. Pero en fin, allá se entenderá con Dios; y
entretanto, lo que importa es que afloje los cuartos para mi obra. Y que leha de valer para su
alma, aunque él no quiera... Con que a ver si me lecatequizas.
—Haré lo que pueda... Veremos, le diré algo...
—No vayas a olvidarte... Adiós, hija de mi alma. Me voy; esta noche mecontarás lo que te
diga. Creo que no nos dejará mal, porque en el fondoes un buenazo. A poco que se le raspe la
corteza de hereje, sale aquellapasta de ángel de otros tiempos. Quédate con Dios.
Volvió Jacinta al comedor. Si cumplió o no el encargo de Guillermina,lo veremos a su tiempo.
Más que reunir dinero para el asilo, preocupabaa la dama el ver resuelto según su deseo lo que
ella y su marido habíantratado la noche anterior. Movida de este afán, así que se
marcharonMoreno y Villalonga, cogió por su cuenta al Delfín, y otra vez trataronambos la
cuestión de la ruptura. De acuerdo estaban en lo principal,discrepando sólo en el procedimiento
más adecuado, pues ella opinaba poruna carta y él por una entrevista de despedida. Al fin, tras
laboriosadiscusión, prevaleció este criterio, como verá el que siga leyendo.
-III-
La revolución vencida
-I-
Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas más omenos contrahechas y de
palabras relumbrantes, que el señorito de SantaCruz puso ante los ojos de su mujer en la noche
aquella, encontraría laseca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran
otracosa que un profundísimo hastío de Fortunata y las ganas de perderla devista lo más pronto
posible. ¿Por qué lo que no se tiene se desea, y loque se tiene se desprecia? Cuando ella salió del
 

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