saca uno del purgatorio deldeleite y allá se van otra vez. Tú te lo quieres, pues tú te lo ten. Enel
Infierno le ajustarán a usted las cuentas. Váyase usted luego allácon sofismas y con zalamerías
de amor... Esto se acabó. Ni yo tengo quehacer nada con usted, ni usted tiene nada que hacer en
esta casa.Cuenta concluida. Al arroyo, hija; divertirse; usted sale de aquí, ycuando se vaya,
sahumaremos, sí, sahumaremos... Perfec... tamente».
Esto lo dijo en la puerta y luego se retiró sin añadir una palabra más.Doña Lupe le aguardaba
en la sala para saber si había sido másafortunado que ella en la averiguación de la verdad, y allí
seestuvieron picoteando un buen rato. Después oyeron ruido, sintieron lavoz de Fortunata que
hablaba quedito con Patricia, diciéndole quizáscómo y cuándo mandaría a buscar su ropa. Tía y
sobrino asomáronse luegoa los cristales del balcón y la vieron atravesar la calle presurosa,
ydoblar la esquina sin dirigir una mirada a la casa que abandonaba parasiempre.
Nicolás repetía una figura de que estaba satisfecho: «Sahumar, sahumar ysahumar». Y a
propósito de espliego, a él, físicamente, tampoco levendría mal... esto sin ofender a nadie.
Fortunata y Jacinta: (dos historias de
casadas)



