La tercera de las chicas, llamada Jacinta, pescó marido al añosiguiente. ¡Y qué marido!... Pero
al llegar aquí, me veo precisado acortar esta hebra, y paso a referir ciertas cosas que han de
preceder ala boda de Jacinta.
En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de SanCristóbal, hay actualmente tres
sillas de madera curva de Viena, lascuales sucedieron hace años a un banco sin respaldo forrado
de hulenegro, y este banco tuvo por antecesor a un arcón o caja vacía. Aquéllaera la sede de la
inmemorial tertulia de la casa. No había tienda sintertulia, como no podía haberla sin mostrador
y santo tutelar. Era estoun servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad
entiempos en que no existían casinos, pues aunque había sociedadessecretas y clubs y cafés más
o menos patrióticos, la gran mayoría de losciudadanos pacíficos no iba a ellos, prefiriendo
charlar en las tiendas.Barbarita tiene aún reminiscencias vagas de la tertulia en los tiemposde su
niñez. Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí, un señorpequeñito con anteojos, que era el
papá de Isabel, algunos militares yotros tipos que se confundían en su mente con las figuras de
los dosmandarines.
Y no sólo se hablaba de asuntos políticos y de la guerra civil, sino decosas del comercio.
Recuerda la señora haber oído algo acerca de losprimeros fósforos o mistos que vinieron al
mercado, y aun haberlosvisto. Era como una botellita en la cual se metía la cerilla, y
salíaechando lumbre. También oyó hablar de las primeras alfombras de moqueta,de los primeros
colchones de muelles, y de los primeros ferrocarriles,que alguno de los tertulios había visto en el
extranjero, pues aquí niasomos de ellos había todavía. Algo se apuntó allí sobre el billete
deBanco, que en Madrid no fue papel-moneda corriente hasta algunos añosdespués, y sólo se
usaba entonces para los pagos fuertes de la banca.Doña Bárbara se acuerda de haber visto el
primer billete que llevaron ala tienda como un objeto de curiosidad, y todos convinieron en que
eramejor una onza. El gas fue muy posterior a esto.
La tienda se transformaba; pero la tertulia era siempre la misma en elcurso lento de los años.
Unos habladores se iban y venían otros. Nosabemos a qué época fija se referirían estos párrafos
sueltos que alvuelo cogía Barbarita cuando, ya casada, entraba en la tienda adescansar un ratito,
de vuelta de paseo o de compras: «¡Qué hermosotesiban esta mañana los del tercero de fusileros
con sus pomponesnuevos!»... «El Duque ha oído misa hoy en las Calatravas. Iba con Linajey con
San Miguel»...
«¿Sabe usted, Estupiñá, lo que dicen ahora? Pues dicen que los inglesesproyectan construir
barcos de fierro».
